jueves, 21 de marzo de 2013

Spain mon amour / ruinas modernas en la Fundacion Ico


A partir de ayer 20 de marzo:

Se presentan en el Museo ICO dos exposiciones complementarias, que desde distintas ópticas documentan la arquitectura y el urbanismo de la última década en España.
Spain mon amour —presentada originalmente de forma más escueta en la reciente Bienal de Venecia— ofrece un recorrido por la última arquitectura a través de quince obras en quince ciudades diferentes, realizadas por cinco estudios y representadas por cinco fotógrafos, además de explicadas a los visitantes por estudiantes que sostienen maquetas, celebrando la calidad arquitectónica y a la vez transmitiendo las inquietudes y esperanzas de los más jóvenes miembros de una profesión en crisis.
Ruinas modernas es un inventario fotográfico de urbanizaciones abandonadas, donde los residuos materiales de la especulación inmobiliaria se muestran en imágenes de hermética poesía, en dramático contraste con la publicidad azucarada de las promociones y el desatino territorial de la planificación, puesta de manifiesto en fotos aéreas y planos de conjunto que reflejan la desmesura de los desarrollos.
Las dos muestras simultáneas no pretenden contraponer las virtudes arquitectónicas y los vicios urbanísticos de la España del boom, porque en esta etapa el país produjo también obras disparatadas y planes ejemplares; tampoco desean enfatizar el contraste entre admirables edificios públicos y deplorables promociones privadas, porque durante estos años la iniciativa y el control público a menudo descarrilaron, mientras el sector privado levantó en ocasiones obras y conjuntos significativos; al cabo, lo que las exposiciones proponen es más bien una mirada reflexiva sobre los logros y las lacras de un tiempo acelerado y una hoguera económica que ha dejado tras de sí brasas y cenizas.
Luis Fernández-Galiano
Comisario

martes, 19 de marzo de 2013

Paul Klee. Maestro de la Bauhaus. Expo en la Juan March


Artículo publicado por Iker Seisdedos en EL PAIS el 15 de marzo de 2013

Paul Klee, en la teoría y en la práctica


Paul Klee (1879-1940) sabía ser realmente meticuloso. Podía resultar obsesivo y voraz. Y tremendamente prolífico. En sus años como profesor de Teoría de la Forma en la utopía docente de la Bauhaus de Walter Gropius, primero en Weimar y luego en Dessau,amasó un corpus teórico-estético a la medida de su personalidad excesiva: cuatro mil páginas de cuadernos llenas de anotaciones, diagramas y dibujos que servían al pintor para enfrentarse a una rutina laboral mantenida entre 1920 y 1931. Las clases no parecían lo suyo: se quejaba del tiempo que le robaban a su hiperactividad creativa en el taller. Llegaba al aula, garabateaba en la pizarra y no miraba a la cara de sus alumnos, más que artistas de caballete, arquitectos o diseñadores, hijos de la vanguardia que dignificó las artes aplicadas.
Lo llevaba todo anotado y rara vez improvisaba en sus parlamentos. Solo confiaba en sus notas, valiosos materiales de trabajo donde quedó plasmada algo más que una teoría artística: la ética y la estética del genio suizo de la vanguardia. Estos papeles sirven de punto de partida para la exposición Paul Klee. Maestro de la Bauhaus, que abre sus puertas en la Fundación Juan March el viernes 22 de marzo (allí permanecerá hasta el 30 de junio).
El proyecto surgió en realidad de una negativa. Más bien, de la sana intención de no hacer otra muestra sobre Paul Klee. No tanto porque el pintor pertenezca a la categoría de los maestros que precisan escasa presentación para el público, sino porque la fundación ya le dedicó en 1981 una antológica histórica al artista. De modo que cuando Manuel Fontán, director de exposiciones de la Juan March, dio en una librería de viejo alemana con dos mamotretos con el “legado pedagógico de Klee” (en realidad, un resumen de los famosos cuadernos armado con cierto capricho por el editor suizo Jürg Spiller en los 70), el comisario encontró el hilo para tirar de una madeja original.
La idea entusiasmó a los máximos guardianes del legado del pintor en el Paul Klee Zentrum, el sinuoso edificio de Renzo Piano que alberga a las afueras de Berna (en Suiza) la mayor colección de un artista en manos privadas del mundo. La Fundación Juan March colaboró en el proyecto académico de la edición crítica y la publicación completa del ingente material que conforma el legado pedagógico. El resultado, un trabajo que valió a Fabienne Eggelhöfer y Marianne Keller-Tschirren el doctorado, acabó dando forma a una exposición de pequeño formato en el centro bernés, y terminó colgado en la web de la institución para ser consultado por estudiosos y aficionados.
También desembocó, tras un proceso de unos cuatro años, en la muestra que ahora llega a Madrid. Comisariada por las dos estudiosas, reúne 137 obras (óleos, acuarelas, dibujos) y 150 objetos del legado, entre papeles, conferencias dictadas en Jena o libros de la biblioteca personal de Klee.
Las piezas no solo provienen de la fundación del artista; la Juan March ha obtenido préstamos de colecciones suizas, alemanas, francesas, estadounidenses o españolas. Fontán aspira a que “la muestra funcione como una caja de resonancia de la obra del pintor y ayude a entender su mezcla de inocencia infantil y complejidad intelectual”.
El director de exposiciones también confía en que el título Maestro en la Bauhaus no distraiga a los visitantes del verdadero foco de la muestra. No se trata de un proyecto basado en la producción artística de Klee entre 1920 y 1931 (acabó por dejar las servidumbres docentes, y se mudó a Duseldorf antes de que el nazismo lo empujase de vuelta a Suiza, donde murió víctima de la esclerodermia), sino que reúne obra desde 1899 a 1940. “Los cuadernos explican la gramática y la sintaxis de toda su trayectoria y por eso la muestra nos permite abarcar toda su vida”, continúa Fontán.
Una vida y una obra que se divide en la sala de la fundación en compartimentos vagamente inspirados en la arquitectura Bauhaus. El recorrido tiene cinco paradas: naturaleza (auténtica obsesión desde la niñez), ritmo, color, movimiento y construcción. Pero se contempla atravesada por un solo afán: el que tuvo Klee por superar las adversidades de la pedagogía creativa: “Basa sus clases en reflexiones sobre su propio quehacer artístico, pero la relación entre su obra y sus enseñanzas no debe entenderse en el sentido de una teoría del arte”, escriben las comisarias en el catálogo (además de ese volumen, la fundación publicará parte de los cuadernos en edición facsimilar).
Quizá fuera ese descreimiento lo que hizo tan fructífera su asociación con Gropius (con quien no le unió la amistad que sí mantuvo con Kandinsky). El fundador de la Bauhaus es también autor de una celebre sentencia: “El arte no puede enseñarse”.


Una poda descubre un tramo de la reja de Sabatini en la Casa de Campo


Artículo publicado por Esther Sánchez en EL PAIS el 17 de marzo de 2013

"Una poda descubre un tramo de la reja de Sabatini en la Casa de Campo"


La reja del arroyo de La Zorra, que construyó el arquitecto real Francesco Sabatini en la cerca histórica de la Casa de Campo, en el siglo XVIII, se ha recuperado después de décadas escondida entre kilos de zarzas, enredaderas y otros matorrales que habían crecido a su alrededor. Solo se necesitaba una poda, como pedía la Plataforma Salvemos la Casa de Campo, y que ha tardado muchos años en llegar.
Desde hace unos días los transeúntes pueden contemplar sus 13 contrafuertes y tres arcadas —antaño equipadas con rejas y ahora cegadas con ladrillo— de una longitud aproximada de unos 60 metros. El elemento constructivo cumplía la función de permitir el paso a las aguas de los arroyos que entran en la Casa de Campo e impedir, al mismo tiempo, que los animales escaparan de los dominios reales y que se colaran intrusos.
Esta semana, varios jardineros municipales emprendieron el trabajo de limpieza de la cerca y, de momento, han despejado cerca de dos kilómetros, desde la Puerta de Rodajos, cercana a Prado del Rey, pasando por la Puerta de Somosaguas hasta el portillo de Los Pinos. Muchas de las plantas que la cubrían se descolgaban desde las parcelas de las viviendas de la urbanización de lujo de Somosaguas (Pozuelo de Alarcón), que se construyeron hace años y usan el muro, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2010, como si fuera de su propiedad. A mitad de camino se encuentra la reja de La Zorra, que ahora se puede contemplar en todo su esplendor.
“Sabíamos que estaba allí e incluso se podía observar algo, pero la visión era muy limitada. Ahora se aprecia su verdadera dimensión, se ha recuperado el conjunto”, explica Luis de Vicente, investigador desde hace 18 años de este paraje madrileño y autor del libro La Casa de Campo, parque histórico. En la actualidad se conservan cuatro rejas, en mejor o peor estado, además de la destapada por la poda. La del arroyo Meaques, cercana a la zona de Campamento, está restaurada e incluye una reja metálica nueva abatible; la de Prado del Rey conserva la reja original; la del arroyo Antequina, más deteriorada y con una cancela nueva que no guarda ningún parecido con la original y otra, de menor entidad, muy tapada por la tierra que se ha ido acumulando por la erosión del terreno.
Además de podar la vegetación que crecía alrededor de la tapia del propio parque, los jardineros han cortado ramas de árboles y otras plantas que se desparramaban por el muro desde las viviendas privadas. Así, las personas que lleguen al aparcamiento de la Puerta de los Rodajos pueden observar que debajo de las ramas de los pinos, que llegaban casi hasta el suelo, se encontraba la valla perimetral. Algo que ha motivado la queja del grupo municipal de IU, que considera que este trabajo de mantenimiento le corresponde a los propietarios de las fincas, no a los técnicos municipales.
La Plataforma Salvemos la Casa de Campo lleva años pidiendo al Ayuntamiento que cuide la tapia y ha denunciado también que los propietarios de las viviendas adyacentes han levantado muros, alambradas y otros elementos usando la cerca protegida como soporte. “Esto es lo que se ve, pero seguro que existen anclajes dentro de la fina en la reja e incluso han construido edificaciones que están adosadas a ella”, comenta Juan García, portavoz de la organización, y miembro de Ecologistas en Acción. De momento, no han logrado que se desmonten, y tampoco tienen constancia de que se haya llevado a cabo alguna acción municipal al respecto.
Milagros Hernández, portavoz en la comisión de las artes de IU, recuerda que cuando se declaró la tapia BIC se aprobó desarrollar un plan especial de protección, que obligaba a mantener una banda de protección de 0,80 metros libre de toda especie vegetal y de dos metros sin especies arbóreas. También se prohíben actuaciones sobre la cerca que alteren su apariencia o acabado tradicional, así como la fijación o superposición de elementos. La concejal piensa que el Ayuntamiento no actúa porque son viviendas de lujo. “Al año siguiente de proteger la cerca tiraron las chabolas y casitas que la afectaban, pero, qué casualidad, no tocaron las de Somosaguas. Y hay que ver lo que hay en la tapia, hasta alambradas”, critica.
La Plataforma Salvemos la Casa de Campo pide que se respete la tapia perimetral que rodea las 1.727 hectáreas de superficie del pulmón madrileño. “Aunque ha desaparecido en muchos tramos debido al paso del tiempo y al abandono de las administraciones”, concluye García.


Los edificios históricos contarán con dos niveles de protección más


Artículo publicado por José Marcos en EL PAIS el 14 de marzo de 2013

"Los edificios históricos contarán con dos niveles de protección más"


Dentro de unos meses los edificios de la Comunidad de Madrid contarán con tres niveles de protección. El máximo seguirá siendo el que se conoce como Bien de Interés Cultural o BIC. Pero a continuación habrá otros dos nuevos niveles. El intermedio sería el de los Bienes de Protección Patrimonial o BIP, que se aplicaría a los edificios que tienen que ser protegidos de manera especial pero no requieren de la maxima protección.
La tercera escala entraría dentro de las competencias de los ayuntamientos. Sería el grado más bajo, siempre supervisado por el Gobierno regional. Estas son las principales novedades del Anteproyecto de Ley de Patrimonio Histórico de la Comunidad que derogará la ley de 1998 —en siete títulos, 45 artículos y un sinfín de enmiendas—, eliminando trabas administrativas para poder desarrollar proyectos económicos en edificios históricos pero garantizando “siempre” su protección.
“La protección de los edificios se conjugará con posibles actividades económicas que contribuya a reactivarlos y contribuyan a su conservación. Es importante que las leyes no sean una cortapisa, que nuestro patrimonio histórico sea compatible con actividad económica”, ha explicado la consejera de Empleo, Turismo y Cultura, Ana Isabel Mariño. La ley entrará en vigor a finales de año, antes se tiene que tramitar en la Asamblea. Otra de sus novedades será la creación de la figura del Paisaje cultural, categoría exigida por el Consejo de Europa.
La nueva legislación, que según el Gobierno regional resuelve las indefiniciones del texto vigente, así como la duplicidad de informes o la dilación para resolver temas, acortará el proceso para declarar un BIC de 15 a nueve meses. Otra novedad es que, para favorecer las labores de conservación de los bienes protegidos, el Ejecutivo autonómico deberá contestar en un plazo máximo de dos meses a las solicitudes de cualquier BIC o BIP. Hasta este momento no había ningún plazo estipulado. De no haber respuesta, el silencio administrativo será negativo para los BIC y positivo para los BIP.
Los ayuntamientos ganarán a su vez peso en la protección del patrimonio histórico. El anteproyecto aclara competencias, acabando así con las duplicidades en el sector. Mientras los BIC y BIP serán responsabilidad de la Comunidad, los ayuntamientos serán responsables de la protección del resto de inmuebles catalogados que puedan tener valor histórico. Independientemente de su antigüedad. “Los ayuntamientos van a poder elegir los bienes que ellos consideran que son las señas de identidad del municipio”, ha explicado Mariño.
“La nueva normativa tiene un principio muy relevante: que acerquemos el patrimonio de Madrid a la sociedad y sirva de referente desde el punto de vista cultural y turístico. Nuestro patrimonio tiene que ser compatible con la actividad económica. Así mejoraremos las posibilidades de vender nuestra región”, ha zanjado Mariño. Además, se creará un catálogo geográfico de bienes inmuebles de patrimonio histórico “para aportar una mayor seguridad jurídica a la gestión”. Formarán parte de él los BIC, BIP y los yacimientos arqueológicos y panteológicos documentados. En la actualidad hay casi 500.

Una Malasaña de cuento


Artículo publicado por Rafael Fraguas en EL PAIS el 15 de marzo de 2013
"Una Malasaña de cuento"
Hacerse una idea del Universo es mucho más fácil en el barrio de Maravillas, más conocido como Malasaña y denominado de manera oficial Universidad, que en cualquier otro lugar de Madrid. Es un crisol de todo lleno, donde la historia de la ciudad, su hoy, su pasado y su horizonte se estrechan cálidamente la mano entre los bulevares, Fuencarral, la Gran Vía y la calle de la Princesa. Nada le falta. ¿Palacios? En la calle de San Bernardino, se encuentra el del Marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán, una casona neoclásica de dos plantas repleta de tesoros artísticos e históricos, como los fanales que alumbraron los navíos que bajo el mando del almirante derrotaron al Turco en la batalla de Lepanto en 1571.
¿Conventos? El de las Comendadoras, en la plaza que lleva su nombre, que gracias a la arquitecta Emmanuela Gambini ha recobrado el esplendor del siglo XVII, tras haber sufrido en agosto de 2007 los efectos de un movimiento telúrico de grado 5,1.
¿Rascacielos? Pues claro, los dos que fueran durante temporadas hitos más elevados de Europa: el edificio de Telefónica —en cuya cumbre habita un voraz halcón que aniquila toda otra ave que surque ese trozo de cielo que sobrevuela la Gran Vía— y el edificio España, con su fachada también timbrada de ornamentación neobarroca.
¿Barroco? El mejor de Madrid: la iglesia de San Antonio de los Alemanes, en la calle de la Puebla, donde Luca Giordano, invitado por Carlos II, dejara sus mejores frescos sobre los muros en elipse del fascinante templo.
¿Templos? El del monasterio de San Plácido, en la calle de San Roque, donde permaneciera colgado de su madero el Cristo de Velázquez, colocado allí como expiación de sus culpas por Felipe IV. Aquel rey lujurioso quiso seducir a una monja, ingeniosamente camuflada de difunta, para huir de su asechanza, por mor de sus atribuladas compañeras religiosas: acosadas también ellas por un lúbrico confesor, desesperadas, se proclamaron posesas de Lucifer y fueron a dar con sus huesos diez años a las secretas mazmorras subterráneas del Toledo inquisitorial.
Todo ello en medio de una sutil fronda política que se llevó por delante, primero a Jerónimo de Villanueva, mentor del convento, y luego al valedor de este, valido a su vez de Felipe IV: el Conde Duque de Olivares, cuyo cuartel de Guardias Valonas ha sido durante tres siglos el edificio más grande de la ciudad, encastrado con el barrio de Malasaña, escenario histórico de heroicas gestas.
¿Heroicas gestas? Desde luego: las protagonizadas por 29 militares del parque de Monteleón y un centenar de madrileños y madrileñas que con arrojo y descomunal bravura, con apenas un par de cañones, un manojo de escopetas, hoces, chuchillos de cocina y unas fatídicas tijeras, pararon los arrogantes pies de un temible ejército invasor, a la sazón el más poderoso de su época, una infausta mañana de mayo de 1808. Los gritos, los disparos, el ardor combativo de aquellas personas que perdieron su vida para que las demás la sobrellevaran con digna libertad, parecen escucharse aún en algunas tardes madrileñas en torno a la plaza del Dos de Mayo, donde las estatuas que cincelara Antonio Solá sellan en mármol el pacto entre los bravos capitanes artilleros Luis Daoiz y Pedro Velarde, no lejos de la calle dedicada al también valeroso teniente Jacinto Ruiz.
Es una pena que el precioso grupo escultórico dedicado al comportamiento del pueblo madrileño en aquellas fechas, hoy enclavado al otro lado de la plaza de España, no se encuentre en el ámbito de este barrio, como ha propuesto el arquitecto municipal Joaquín Roldán, quien recobrara el extraordinario monumento de la plaza de la Lealtad dedicado a aquellos héroes.
¿Héroes? Sí. También aquellos miles de hombres y mujeres del barrio de Malasaña, Maravillas o Universidad, como quiera llamársele, que tan estoicamente y sin perder la sonrisa soportaron tres años, tres, de bombardeos inmisericordes de la artillería de Franco y la aviación nazi e italiana.
De todo ello da cumplida cuenta en un ameno y bien escrito libro que lleva el nombre de su bienamada Malasaña, Carlos Osorio, vecino comprometido desde hace décadas en la defensa de un barrio excepcional: no solo cobró magnificencia en el Siglo de Oro, sino que se desarrolló deslumbrante en sus numerosos palacios la centuria ilustrada siguiente; se vio alcanzado por la industrialización decimonónica y sus abigarradas calles acogieron con calidez y afecto, el declinar el siglo XX, aquellos jóvenes de la Movida, que después de cuarenta años de dictadura franquista comenzaron a catar las mieles de las libertades individuales, toda vez que las colectivas habían sido recuperadas a partir de las protestas estudiantiles de 1956, surgidas, precisamente, en la glorieta y la entonces universitaria calle de San Bernardo, el eje que vertebra este prodigioso distrito, salpicado hoy de bares, cafetines y salas de música.
Malasaña. Carlos Osorio. 227 páginas. Ediciones la Librería. 14,90 euros.

miércoles, 13 de marzo de 2013

El restaurante secreto


Artículo publicado por 
El restaurante secreto"

encargo era especial: un restaurante oculto en un garaje. También paradójico: un lugar físicamente hundido y sin embargo de ambiente  flotante. Y difícil: al descender dos plantas desaparece el contexto y también la luz. Con todo, los arquitectos trataron de mezclar la espiral del descenso con la del ascenso al comedor y contrastaron el hormigón del edificio original con materiales pulidos y poco perceptibles para idear un mundo contrapuesto. El resultado se palpa. Se puede tocar con las manos, se degusta. Pero tiene más que ver con la imaginación que con la vista.
 
Surrealista. Así lo han definido sus arquitectos, Ramón López-Neira y Beatriz Ciaurri: “la intervención es una experiencia mágica y surrealista”. El Caramuxo es una bodega, un txoko, un pequeño restaurante privado oculto en un sótano en el interior de un aparcamiento público de Madrid. “Está deslocalizado”, explican. Y cuentan que la rampa hacia los sótanos del parking público bajo un aparcamiento privado se interrumpe para acceder a este espacio “gastronómico” a través de una fachada de transición de tableros de madera-cemento. Ese muro marca el paso entre el brutalismo del hormigón y la acogida, en el restaurante, “la burbuja cálida del interior”, describen ellos.
Esa cámara oscura desubica, gana privacidad para quienes acuden al comedor, pero también deja  la intervención sin contexto y, consecuentemente, al margen del tiempo. Arquitectónicamente, esa voluntad se traduce en la desaparición de todo excepto lo que uno va a hacer allí. Los arquitectos se han encargado de limpiar, de saltar por encima de todo tipo de conductos y de fomentar la espiral del descenso y el ascenso para evocar la idea de viaje. En el comedor, los planos horizontales y verticales quedan difuminados entre el vidrio y el acero inoxidable. A la aparición de un marco nuevo contribuye la madera de fresno y, sobre todo, los lucernarios artificiales de halógenas con luz de día que sorprenden con la idea de una realidad irreal. Así, “la bajada de plantas y plantas de sótanos conduce a un ático”, explican los arquitectos. Y no les falta razón. Allí hay luz. No se trata de una mera retroiluminación de falsas claraboyas y ventanas, los mecanismos empleados se inspiran en la iluminación escénica en el teatro, donde el cuadro de encendidos de iluminación se divide en tres diferenciales principales Día, Noche y General.


El mobiliario contribuye integrándose con la arquitectura y ocultando mecanismos para abrir y cerrar almacenes, cajones o contenedores. La idea de la desubicación hay que trabajarla al milímetro: los anclajes de los paños de vidrio no se ven, el suelo de acero de la cocina ha sido cizallado trapezoidalmente y se curva para convertirse en zócalo. También los extremos de los escalones se tornean. La idea de cuidado invisible pero palpable suma una experiencia espacial, y sensual, a la gastronómica. La experiencia visual, sin embargo, se escurre en este espacio, se ralentizada ya que el restaurante deslumbra a simple vista, pero se descubre después: investigándolo y tocándolo.
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martes, 12 de marzo de 2013

conferencia sobre URBANISMO ECOLÓGICO en la casa encendida

Por si os interesa:

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Dentro del curso Urbanismo Ecológico de La Casa Encendida esta tarde habrá una conferencia abierta al público a las 18.00hs, en las que intervendrán Mercedes Vidal de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona que hablará principalmente sobre los instrumentos de ordenación del Urbanismo Ecológico y Carlos Montes del Departamento de Ecología de la UAM que hablará sobre las ciudades desde el punto de vista de la ecología y los servicios que éstas ofrecen.