lunes, 29 de octubre de 2012

Nueva sede de la Fundación Botín en Madrid


Artículo publicado en Arqutiectura Viva el 23 de octubre de 2012

Un antiguo edificio industrial situado en el corazón del barrio de Salamanca alberga la nueva sede de la Fundación Botín en Madrid. Se trata de un edificio catalogado, construido en 1920 por Gonzalo Aguado, que fue durante décadas una fábrica de platería y, en los últimos años, rehabilitado por Enrique Bardají, acogió la sucursal madrileña de la tienda de diseño y decoración Vinçon. El objetivo del proyecto para la Fundación Botín, llevado a cabo por MVN arquitectos —Emilio Medina García y Diego Varela de Ugarte— en colaboración con el interiorista Juan Luis Líbano, ha sido recuperar la singularidad de la nave original consiguiendo un espacio que mantuviera la esencia de su carácter industrial. Para ello la intervención descubre la estructura original de acero y fábrica de ladrillo, transformada en las actuaciones anteriores, y la expone abiertamente junto con los acabados de nueva ejecución, principalmente en madera de roble, acero y vidrio. El proyecto recupera asimismo la entrada de luz natural en todo el edificio, una luz que se convierte en argumento principal de la rehabilitación: se abren huecos en fachada antes tapiados; se recuperan lucernarios que permanecían cerrados; y se recorta la estructura interior para conectar las dos plantas principales con un atrio en el vestíbulo de acceso. La planta baja acoge las actividades destinadas al público, y se configura como un espacio diáfano, modulable y flexible. La planta primera funciona como área de gestión de la fundación, con una zona diferenciada para reuniones y un amplio y luminoso espacio abierto bajo la estructura original y los nuevos lucernarios; ambas zonas se organizan en torno al nuevo hueco abierto y la linterna que corona este espacio sobre el atrio. El único espacio cerrado que requiere el programa se resuelve con una caja de vidrio y mínima estructura, casi exenta como un objeto más del mobiliario, que permite mantener la identidad del espacio completo.

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Sobre el Bernabéu


El futuro Santiago Bernabéu ya está en marcha: Florentino ya ha elegido el nuevo estadio

Artículo publicado el EL CONFIDENCIAL el 29 de octubre de 2012

A tres semanas de la elección definitiva, El Confidencial está en condiciones de adelantar el nombre del proyecto ganador de la reforma del Santiago Bernabéu y puede mostrar cómo será el nuevo templo de los madridistas a partir de 2016, momento en el que la reforma del actual estadio deberá estar terminada. El ganador es el proyecto presentado por el estudio alemán GPMArchitekten, secundado por los estudios L35 y el español Ribas. (Vea álbum de todos los proyectos).

Florentino Pérez se presentará a la reelección, acudirá a la cita con las urnas del próximo mes de junio para dar forma a un nuevo mandato como presidente del Real Madrid. Las dudas han desaparecido. Por delante tiene el reto de pasar a la historia como el presidente que hizo una nueva Ciudad Deportiva, algo que ya hizo en su anterior etapa, y como el que construyó un 'nuevo' estadio, un 'nuevo' Bernabéu. 
Se presentaron cuatro proyectos. El de los creadores de los principales estadios de la pasada Eurocopa, empezando por el de Kiev, o los del Mundial de Sudáfrica como el de Port Elisabeth o Ciudad del Cabo, ha convencido a la directiva blanca por encima de las alternativas presentadas por Norman Foster y Rafael de la Hoz; Populous y Lamela; Herzog y Rafael Moneo. El proyecto no está cerrado al ciento por ciento y los arquitectos tendrán seis meses desde el momento en el que se haga oficial la elección (mediados de noviembre) para modificar algunos aspectos del mismo. 
La propuesta de GPMA tiene como principal argumento una piel que rodeará el estadio y la separará de la zona comercial que irá ubicada en La Castellana, zona en la que el recinto madridista ganará en volumen y majestuosidad. El titanio será el principal elemento en el exterior del nuevo recinto madridista. En los bajos de la zona comercial se construirá un parking con una capacidad de 500 plazas. La actual Esquina del Bernabéu pasará a ser una zona verde. A diferencia de otros de los proyectos, el de GPMA apenas supondrá incremento alguno en el aforo del estado, aspecto que podría sufrir alguna variación. Eso sí, los rectores blancos no quieren un estadio con una capacidad superior a las 85.000 localidades.
El coste de la obra de remodelación que se iniciará el próximo verano (tan solo falta el permiso de la Comunidad de Madrid) se estima estará situado en los 250 millones de euros. El presupuesto hecho por los rectores del club hablan de un crecimiento, cuando el nuevo estadio esté en marcha, de unos 50 millones de euros más de ingresos por temporada por la explotación comercial, zonas vips y otras posibles fuentes de ingresos por la explotación del estadio.
Al margen del lavado de cara del Bernabéu, Florentino Pérez tiene previsto inaugurar otros dos proyectos y sueña con un tercero. Los dos primeros son la residencia para la cantera (120 plazas) y el de un hotel para las concentraciones del primer equipo (60 habitaciones). Ambos estarán ubicados en Valdebebas y podrían estar operativas el próximo verano. La tercera idea es la de la construcción del parque temático en la Ciudad Deportiva, idea que sigue viva en la mente del presidente blanco.

martes, 23 de octubre de 2012

JORNADA SOBRE ALEJANDRO DE LA SOTA EN LA EAUCLMT


La eauclmT, Escuela de Arquitectura de Toledo, desde la Cátedra Miguel Fisac fruto del convenio entre laFundación LAFARGE y la UCLM dentro de la V Semana de la Arquitectura de Toledo, en colaboración con el Colegio de Arquitectos de Castilla – La Mancha, demarcación de Toledo, organizan la jornada abierta, de tarde, dedicada al arquitecto Alejandro de la Sota el próximo 25 de octubre.

Alejandro de la Sota fué una figura esencial de la arquitectura española del siglo XX. Tanto para los alumnos de la Escuela como para Toledo es una oportunidad única poder contar con la muestra completa de la obra de esta figura fundamental.

PROGRAMACIÓN:

17:30 Inauguración exposición “La obra de Alejandro de la Sota” con la presencia de Miguel Ángel Collado Rector Magnífico de la UCLM e Isidoro Miranda Presidente de Lafarge España. 
Lugar: Tallerón de la Real Fundación de Toledo, Plaza de Victorio Macho 2.

18:30 Conferencia “Una semblanza de Alejandro de la Sota”, arquitecto Manuel de las Casas, con la presentación a cargo del Presidente de la Demarcación de Toledo CoacmT
Lugar: Sede del Colegio de Arquitectos de Toledo,  C/ Santa Úrsula 11

18:45 Conferencia “El Gimnasio Maravillas”, arquitecto José Manuel López-Peláez
Lugar: Sede del Colegio de Arquitectos de Toledo,  C/ Santa Úrsula 11

19:30 Inauguración exposición de maquetas y dibujos “Alejandro de la Sota”.
Comisario: Rodrigo Pemjeam 
Lugar: Sede del Colegio de Arquitectos de Toledo, C/ Santa Úrsula 11

lunes, 22 de octubre de 2012


Artículo publicado por  EL 20 DE OCTUBRE DE 2012
Los dueños de un piso que el deconstructivista Thom Mayne —premio Pritzker— levantó en Carabanchel para la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid han tenido que elegir entre poner un sofá en el salón-recibidor o poder entrar en casa. Parece una broma que el inmueble esté ubicado en la calle del Patrimonio de la Humanidad, pero no lo es que edificios invivibles retraten a sus autores mejor que obras monumentales. Con todo, son muchos los arquitectos sin burbuja: la mayoría no contribuyó a hinchar la pompa inmobiliaria que ha hundido el país, aunque, eso sí, todos los proyectos urbanísticos fraudulentos lleven la firma de un arquitecto. Así, asumiendo la culpa de unos pocos, el grueso de la profesión se adelantó a la sociedad española para entonar el mea culpa y admitir “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Ha sido un error. “También lo es seguir agachando la cabeza”, opina la arquitecta Victoria Garriga.
Tras la inicial autoinculpación, cada vez son más los proyectistas que no aceptan la responsabilidad que se les atribuye como colectivo. No haciéndolo creen ser más honestos con la sociedad. España y el mundo están llenos de arquitectura que no ha nacido para acoger la vida de las personas, sino para blanquear dinero o proporcionar beneficios inmorales. No hay código deontológico ni juramento hipocrático en esa profesión. La ética es un asunto personal. En ese escenario, muchos han reivindicado que la burbuja inmobiliaria no fue tanto un asunto de arquitectos sin escrúpulos como de constructoras —todas las que levantaron edificios malos o permitieron blanquear ingentes sumas de dinero—, políticos —que recalificaron terrenos para lucrarse— y bancos —que pusieron los medios que ahora debemos reponer entre todos.
Es evidente que hubo arquitectos que pusieron su firma a proyectos mediocres. También que la corrupción caló entre la arquitectura que se pretende de vanguardia. La ha habido en la de instituciones: de laSGAE a Palma Arena. Cuando las cuentas no cuadran, siempre hay un edificio de por medio para facilitar el desvío de fondos. Ante un panorama así, la arquitectura como disciplina que refleja las aspiraciones de una sociedad, y a la vez sus realidades sociales, no puede permanecer inmune. No puede ser la misma. También ella se está transformando.
Adiós a las modas
La época faraónica ha quedado atrás y, en Europa, esta debacle parece haber roto el círculo vicioso que, en la última década, emparentó la arquitectura con la moda. Se habían ido equiparando los tiempos, la lógica empresarial y hasta el vertiginoso ciclo de consumo de las dos disciplinas. “¿Usted nos hará un edificio o una fachada?”, cuenta otro Pritzker, el portugués Eduardo Souto de Moura, que le preguntaron en Barcelona cuando se hizo cargo de un edificio de viviendas. “Por lo visto, estaban dispuestos a admitirlo todo”, dice. Es cierto que los edificios envueltos como regalos, como los que Toyo Ito firmó en la Feria de Barcelona, parecieron proliferar para aumentar el precio del suelo. “Un edificio depende del dinero y de las prisas. Piense en un hombre que va al gimnasio. Tiene un cuerpo musculado y es lógico que quiera mostrarlo. Quien no lo tiene es lógico que se vista y disimule las imperfecciones de su cuerpo”, explicó a este periódico el japonés. Ese tipo de inmuebles hoy han caído en desuso en nuestro país. Se han convertido en testigos incómodos de la época del despilfarro. Pero con ellos, también las teorías que buscaban justificar la arquitectura en campos filosóficos o literarios han quedado tocadas. La realidad se ha convertido en la mejor teoría para abordar un proyecto.
Esto no quiere decir que la arquitectura se haya vuelto cohibida. Todo lo contrario, significa que se puede explotar la imaginación para conseguir resultados verdaderos, y no solo formalmente, transformadores: socialmente comprometidos. El debate arquitectónico que discute la oportunidad de las cubiertas facetadas o los bucles se desmonta ante necesidades reales. ¿Acaso no existían esas necesidades antes de que estallara la crisis? Sí, pero tal vez no hubiese interés por verlas, capacidad para abordarlas y necesidad de hacerlo por parte de la clase arquitectónica. Los nuevos arquitectos no ven obra de caridad —sino trabajo y también derechos— en el diseño de un comedor social o de un huerto comunitario.
El comedor infantil que el estudio sevillano Lapanadería ideó para cuatro colegios andaluces no tiene rejas. Construido con tableros de madera y chapas de acero prefabricadas, recibe luz cenital y es también económico: fácil y rápido de montar. Hace un año ganó el Premio Arquia Próxima que concede la Caja de Arquitectos y puso sobre la mesa el tema de la prefabricación, algo que nunca gozó del interés de los arquitectos españoles. Hoy las casas pasivas —que acumulan la energía que consumen— que Josep Bunyesc ha levantado en Lleida oel premiado hotel Aire de Bardenas de López y Rivera han demostrado cómo la prefabricación puede lograr arquitectura a medida con riesgos y precios controlados. Tipológica, material, formal y políticamente, las cosas están cambiando.
No solo la arquitectura, también la profesión de arquitecto se ha transformado. La crisis ha acelerado un proceso de mutación que afecta a los proyectistas como trabajadores, a los edificios como servicio y a los monumentos como lo que son: excepciones.
El giro social
Colectivos españoles como ZuloarkPaisaje Transversal o los pionerosRecetas Urbanas tienen intereses más amplios que la construcción de edificios y una preocupación por la vida de sus conciudadanos que les lleva a encarnarse en la figura del arquitecto social. Entre estos colectivos, Santiago Cirugeda (Recetas Urbanas) ha extendido su escuela al compartir, vía Internet y libre de derechos, todo un manual de vacíos legales con los que es posible construir temporalmente para solucionar problemas urbanos. Por su parte, con menos de treinta años de edad, los integrantes de Paisaje Transversal, más que recurrir a las leyes, hablan con la gente y recuperan el diálogo perdido en los setenta para incitar a una transformación colectiva. Así, en el barrio madrileño de Virgen de Begoña, han movilizado a la asociación de vecinos para construir huertos comunitarios en los que estudiantes y ancianos gestionan una escasísima ayuda municipal y se responsabilizan de su mantenimiento.
“Uno cuida aquello por lo que se ha esforzado”, opina Jon Aguirre, de Paisaje Transversal. Con la participación ciudadana, sin embargo, ocurre algo similar a lo que sucede con la ayuda de los voluntarios. ¿Pueden suplir a los servicios sociales? ¿Pueden los Consistorios descuidar competencias amparados en el esfuerzo ciudadano? El peligro de que las Administraciones deleguen sus obligaciones amenaza la credibilidad y, por tanto, el futuro de esta vía esforzada para mejorar barrios que ha llegado a resolver conflictos raciales (sembrando huertos en Londres para una población de inmigrantes) y ha funcionado para integrar colectivos de diversas edades, intereses y procedencias (en Madrid, con vecinos unidos por la petición de espacios públicos en solares abandonados como Esta es una Plaza de Lavapiés).
Pobreza en el museo
Las acciones ciudadanas voluntarias y voluntaristas contrastan con el cinismo del último premio que la Bienal de Venecia concedió a la Torre David, un “rascacielos de favelas” ubicado en Caracas. La torre, de 45 plantas, fue abandonada hace dos décadas y ocupada hace unos años por más de tres mil personas. Desde entonces ha sido escenario de asesinatos y secuestros, además del cotidiano hacinamiento de las familias que viven allí sin agua ni gas. Es un monumento al fracaso de las políticas sociales y urbanísticas. ¿Es eso lo que premió un jurado presidido por el holandés Wiel Arets en Venecia? ¿O acaso era el excelente reportaje fotográfico de Iwan Baan, capaz de transformar en reivindicación lo que no es más que el retrato de un desastre? La crisis también ha abierto una puerta, sumamente peligrosa, que conecta la arquitectura con las salas de los museos.
Así, la “artistización” de la arquitectura podría estar convirtiéndose en la nueva arquitectura espectáculo. Tratar temas sociales con la distancia de un pedestal ya es lenguaje habitual en el arte de las últimas décadas, capaz de exponer sin pestañear la ingeniosa chabola de un sin techo en un museo al tiempo que blinda el edificio para que ningún sin techo pueda dormir cobijado bajo su escalera. Esa hipocresía separa hoy la calle de nuestros centros culturales. Exponer el problema de la falta de vivienda como una obra de arte es una derrota para la arquitectura. Cuando una reivindicación entra en un museo se institucionaliza. Queda desactivada.
Reparar también es construir
Frente al folio en blanco de la obra de nueva planta, la autocrítica y la respuesta humilde. Son muchos los arquitectos que, como Bopbaa, los autores barceloneses de las tres ampliaciones del Museo Thyssen, comparten que “solo cuando hayamos recuperado los mínimos podremos aspirar a más”. Desde esa voluntad resulta clave la educación para el mantenimiento: la recuperación de muchos edificios va de la mano de paseos que reviven —como las márgenes de los ríos Ebro, Guadiana o Manzanares, saneadas como parques urbanos a su paso por Zaragoza, Mérida o Madrid— y de calles que se reconquistan para que el ciudadano pasee o pedalee. “No necesitamos nada más. La arquitectura de los últimos años se ha contagiado del ritmo frenético de la sociedad de consumo. Los edificios que invaden las ciudades y nadie critica en la prensa nos retratan como sociedad”, opina Paul Goldberger, que recibió el Premio Pulitzer como crítico de arquitectura de The New York Times.
Goldberger llama a la reparación aunque está claro que frente al estreno —y su repercusión mediática— las curas quedan fuera de la foto. Pero también es verdad que calan en el civismo. Dibujan una deontología cultural ciudadana. Así, la falta de cultura de mantenimiento que caracteriza a las sociedades menos cívicas se ha vuelto a cuestionar en España. La lección del empacho constructivo, que ha dejado ruinas contemporáneas —como el edificio Veles y Vents de David Chipperfield, insignia de la Copa América y abandonado a su deterioro frente al puerto valenciano—, ha impuesto un ritmo pausado que obliga a cuidar y a reparar antes que volver a partir de cero. Porque nunca se parte de cero.
La reparación tiende un puente entre pasado y futuro que permite a las ciudades beneficiarse de su historia. Ha podido verse en Ciudad de México, donde la calle Francisco I. Madero, escenario de múltiples movimientos sociales, ha sido peatonalizada con un proyecto de Felipe Leal y Daniel Escotto que la reconquista como espacio público y cívico. En ese reto por reutilizar y sumar, el centro cultural Matadero Madrid —que han ido recuperando Antonio Franco, Iñaki Carnicero o Langarita-Navarro— comparte actitud con el puente de Carlos Pereda y Óscar Pérez que comunica el baluarte y el fuerte de San Bartolomé en Pamplona y con la recuperación paisajística de las vías Tram que Eduardo de Miguel y José María Urzelai llevaron a cabo en Alicante. Que esa actitud ha calado lo demuestran inmuebles futuros como el museo de las colecciones reales de Tuñón y Mansilla, en Madrid, un zócalo bajo la discutida catedral de la Almudena que no busca combatirla, sino integrarla en beneficio de la ciudad.
Cuidar la ciudad por encima de sus edificios ha llevado a la recuperación de antiguas fábricas —como Can Framis de Jordi Badía en Barcelona— o cambios de uso —como la central eléctrica convertida por Herzog & De Meuron en sede de CaixaForum en Madrid—. La propia ciudad invita a cuidar un patrimonio que la ignorancia, las modas y un desorbitado ciclo de consumo habían hecho descuidar. Esa manera de trabajar es la que buscan exportar algunos proyectistas que han transformado su vida para dedicarse a sanear otros territorios. Es el caso de Victoria Garriga y Toño Foraster (de AV62), que, tras ganar sendos concursos para levantar el Museo Nacional de Kabul (Afganistán) y para reconstruir el barrio de Adhimiya en Bagdad, no se cansan de reivindicar la necesidad de “cuidar la marca España”: “Es necesario cuidar lo que en España se ha descuidado: la cohesión social, el paisaje, la sostenibilidad, la arquitectura como hecho cultural por encima de bien comercial”, insisten.
Éxodo y nuevos retos
La preocupación que sienten los decanos de los colegios de arquitectos por el creciente éxodo de proyectistas (el 7,5% de un total de casi 53.000 colegiados, según el nuevo sindicato profesional) contrasta con el reconocimiento que, con premios y encargos, reciben cada vez más arquitectos españoles en el extranjero. Más allá de los que dirigen las escuelas de arquitectura en universidades americanas como Princeton (Alejandro Zaera) o Virginia (Iñaki Alday), los propios Garriga y Foraster aseguran que han elegido ciudades tan difíciles como Bagdad o Kabul porque “en esas metrópolis la arquitectura puede ayudar a salir de situaciones inhumanas”. Ese reto retrata a la generación que representan: la de los proyectistas que buscan romper la relación entre arquitectura y poder. Por eso, más allá de exigir el cuidado de lo que se exporta donde apenas queda nada, Victoria Garriga se ha convertido en un azote de políticos, constructoras y proyectistas. Cuando se presentó al concurso para reconstruir Adhimiya buscó una constructora española. Una tras otra le aseguraron que resultaba imposible trabajar allí. Ella, finalmente, entendió que “las grandes constructoras españolas buscan negocio rápido y seguro: les resulta más fácil trabajar para una dictadura que colaborar en la recuperación de una democracia”.
Grado cero
Frente a las constructoras que evitan complicarse la vida, cada vez más proyectistas lo hacen: ya no solo tiran líneas, están empezando a levantar muros. Y algunos han sido capaces de hallar ventajas en el cambio. Con lacasa 712 que H Arquitectes levantó en Gualba (Barcelona), ese estudio aprendió cómo reducir un proyecto a la mitad sin partirlo en dos y constataron que “quitar todo lo que se puede quitar encierra una arquitectura distinta”. Como ellos, los sevillanos Lapanadería demuestran que la crisis económica no se ha traducido en una crisis de ideas. Cada vez hay más arquitectos dispuestos a dejar de ser empresarios y capaces de mover piedras al tiempo que se convierten en constructores físicos —no solo intelectuales— de sus propias obras.
Arquitectos y arquitectura se transforman en España. El tiempo llama a la razón. Y la razón pide esfuerzo y compromiso. Que ese objetivo deje de parecer ingenuo puede marcar un cambio. Después de todo, podría ser liberador no tener que hacer nada más que arquitectura.


Paul Goldberger: “Los miles de edificios sin calidad acabaron con la economía”


Artículo publicado por  en EL PAIS el 16 de octubre de 2012
Premio Pulitzer por su labor como crítico de arquitectura en el New York Times, el historiador Paul Goldberger(Nueva Jersey, 1950) ha explicado Por qué importa la arquitectura (Ivory Press. Traducción de Jorge Sainz) en un ensayo que lleva ese título y que presenta a esa disciplina como un vehículo para sentir y pensar. Dueño de una mirada ecléctica y “poco puritana para ver las cosas” —como él mismo la define— reconoce que cuando eligió la Universidad de Yale para aprender de sus grandes edificios modernos lo que más le sorprendió fue el neogótico de la torre que James Gamble Rogers había levantado en el campus y que nunca había visto en un libro de arquitectura. “No soy dogmático. Hay muy pocas cosas en la vida de las que piense que solo se pueden hacer de una manera. Eso ha condicionado mi mirada. Todavía me cuesta entender a los talibanes de la arquitectura que solo admiten una manera de actuar”, explica en la galería madrileña donde ha venido a presentar su libro.
¿Cómo demostrar que la arquitectura importa a una sociedad como la nuestra, que la relaciona con la avaricia y la especulación? Goldberger sostiene que a veces los edificios mediocres son los que más cosas dicen. “La especulación tiene más que ver con la mala arquitectura que con la buena. En la última generación hemos construido demasiado. Ni nuestros recursos ni nuestras necesidades justifican lo que se ha erigido”, comenta. Con todo, su ensayo habla más de emociones, que de necesidades. “Creo en la arquitectura sostenible como en una necesidad, pero también en el poder de afectar nuestra vida que tiene la arquitectura”. A pesar de esa mirada que juzga el largo plazo de la disciplina, Goldberger acepta reflexionar sobre la culpa de la crítica en las burbujas arquitectónicas. “Hemos hecho demasiado para favorecer y promover la arquitectura espectáculo. Pero aunque sean muy visibles, los edificios de las estrellas no son los causantes de la crisis económica. Por cada edificio excesivo de un arquitecto famoso hay miles de inmuebles sin calidad. Esos miles de edificios sin calidad acabaron con la economía. La prensa no habló de ellos. De eso somos culpables. No de apoyar la arquitectura-espectáculo”.
El autor estadounidense prepara la biografía de Frank Gehry —“autorizada porque él coopera, pero no porque pueda opinar”— y no comparte que el autor del Guggenheim de Bilbao haya terminado parodiando su propia creatividad. “Gehry es autor de un idioma propio y todo lo que haga va a tener un aire de familia, pero rechaza encargos cuando considera que no son oportunidades para exigirse un poco más. Es difícil ser un arquitecto creativo. Si tus trabajos cambian te acusan de inconsistente. Si no lo hacen, de autoparodiarte”, defiende.
El cambio es, admite, la única manera de mantener vivas las ciudades. Sin embargo, las metrópolis se parecen cada vez más ¿Qué se puede hacer? “No es la primera vez en la historia que esto sucede. La monocultura se vence con esfuerzo por mantener las identidades. Cada vez hay más interés en lo original, por eso los lugares que no borren el pasado serán más atractivos. En el último siglo las ciudades han crecido de manera muy parecida entre ellas y muy diversa a como lo habían hecho hasta entonces”, explica. Goldberger piensa que Internet ha cambiado el sentido de la palabra comunidad y por eso “la arquitectura ha dejado de ser el único escenario para la vida humana”. Con todo, asegura que su función sigue siendo antigua: “La creación de lugares y de memoria, lo que constituye lo auténtico en la era virtual, es un reto que deberemos entender”.
Sostiene Goldberger que los arquitectos solo pueden construir lo que la sociedad les permite hacer. Pero admite que “existe un grupo cada vez mayor de profesionales interesados en dejar más huella en el tejido social de la sociedad que en el cultural”. Y es consciente de que ese grupo “se encuentra muy incómodo pensando que su profesión solo les permite firmar espacios para gente rica. Quieren utilizar su talento para mejorar la sociedad”. Frente a ese cambio, el crítico se muestra optimista. Y aunque recuerda que en los sesenta y los setenta hubo movimientos en esa dirección “que generaron mucho diálogo, algunos beneficios y no mucha arquitectura de gran calidad”, los ve regresar más informados y conocedores de las consecuencias de actuar solo planteando problemas. “Hoy hay más posibilidades de hacer las cosas bien. Esta es una de las buenas consecuencias del desastre económico de los últimos años. Estábamos alcanzando un exceso muy peligroso. Corregir eso es doloroso. Pero también lo es seguir construyendo demasiado”.
Sobre las elecciones en Estados Unidos, explica que lo que más le preocupa es la paulatina desaparición de la clase media “en EE UU y en el mundo”. ¿Puede la arquitectura hacer algo? “Como profesión y sola, no. Pero si los arquitectos se atreven a hablar, si colectivamente deciden decir algo y si algunas veces rechazan encargos inapropiados, las cosas pueden cambiar. La construcción ha sido una excusa perfecta para esconder dinero negro y mucha corrupción”. Cuenta que hay quien, sin ser corrupto, diseña o construye pisos para que los clientes blanqueen dinero. “Ese proceder no ayuda a sanear la sociedad ni la economía. No hacerlo rompe un círculo vicioso. Muchos pisos levantados para blanquear dinero permanecen vacíos, destrozan las ciudades y encarecen el coste de los otros pisos. Hay muchas circunstancias hoy en las que creo que el mejor edificio es no hacer ningún edificio. No necesitamos más”.


El Matadero cambia de timonel


Artículo publicado por Patricia Ortega Dolz en EL PAIS, el 17 de octubre de 2012
En el área de las Artes del Ayuntamiento siguen jugando a los barquitos. El último en ser “tocado”, aunque no “hundido”, ha sido Pablo Berástegui , al frente del centro cultural Matadero desde hace cuatro años y el principal responsable de que ese macroespacio de cien mil metros cuadrados se haya convertido en el buque insignia de la cultura madrileña, con un proyecto basado en la promoción de la creación contemporánea. La semana pasada el tiro daba de lleno en la Dirección General de Calidad del Paisaje Urbano, de reciente creación, perteneciente al departamento de patrimonio histórico y que, de forma efímera, ha dirigido hasta hace poco más de una semana Carlos Baztán. Hundido. Con este último lanzamiento desde las filas del delegado Fernando Villalonga, solo sigue intacto del antiguo equipo que dirigió Alicia Moreno Manuel Lagos, como director de actividades culturales de MACSA, la empresa pública desde la que se gestiona la cultura madrileña.
El relevo de Pablo Berástegui lo cogerá, si finalmente firma el contrato que le han puesto sobre la mesa —todo indica que así lo hará, según fuentes del consistorio—, la viguesa Carlota Álvarez Basso que fue gerente en la Fundación Córdoba Ciudad Cultural para luchar por la capitalidad europea —que no consiguió—, y viene avalada por su experiencia en la gestión cultural en la antigua Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. También puso en marcha el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO) y levantó el departamento de audiovisuales del Reina Sofía. Se trata de uno de los últimos fichajes de Villalonga, que el pasado mes de marzo la colocó al frente de otra dirección general de nuevo cuño, Planeamiento y Evaluación.
Berástegui solo está tocado porque, según aseguran en el área de las Artes, seguirá “durante unos meses” en Matadero y, después, “continuará en el equipo de las Artes desarrollando labores dentro del área”. Le cambian de sitio y de función. Suenan, por encima de otras muchas, dos palabras: “Conde Duque”, ese gran buque cultural de la ciudad que está más encallado que el Costa Concordia.
Ya desde hace un par de meses, Álvarez Basso viene emergiendo en los despachos de Matadero. “Ha estado tomando nota de todo, pidiendo informes de todo, estudiando”, aseguran varios trabajadores. Ha preparado el relevo a conciencia. Así lo hizo también antes del verano Mikel Olaciregui en la preciosa Cineteca, ubicada en el mismo centro cultural de Arganzuela y que ahora ya dirige oficialmente el donostiarra, exdirector del festival de cine de San Sebastián. Sustituye a Antonio Delgado —hundido— que dirigía desde allí el festival Documenta Madrid.
De los planes de la sucesora de Berástegui no se sabe nada aún, salvo que “están enmarcados en los cambios que viene acometiendo el delegado”, según fuentes del consistorio. Que existe un Plan Estratégico de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (PECAM) está más que confirmado —esta misma semana se celebraban aún reuniones con distintos colectivos vinculados a la cultura de la ciudad para recoger ideas—; y que se culminará con unas jornadas previstas para los días 24, 25 y 26 de este mes bajo el título La cultura de Madrid a debate en CentroCentro, también. Que el juego está a punto de terminar es claro, porque apenas quedan antiguas naves a flote. Lo que queda por saber es en qué consistirá ese plan y a qué se va a jugar a partir de ahora en el área de Las Artes.

El Matadero cambia de timonel


Artículo publicado por Patricia Ortega Dolz en EL PAIS, el 17 de octubre de 2012
En el área de las Artes del Ayuntamiento siguen jugando a los barquitos. El último en ser “tocado”, aunque no “hundido”, ha sido Pablo Berástegui , al frente del centro cultural Matadero desde hace cuatro años y el principal responsable de que ese macroespacio de cien mil metros cuadrados se haya convertido en el buque insignia de la cultura madrileña, con un proyecto basado en la promoción de la creación contemporánea. La semana pasada el tiro daba de lleno en la Dirección General de Calidad del Paisaje Urbano, de reciente creación, perteneciente al departamento de patrimonio histórico y que, de forma efímera, ha dirigido hasta hace poco más de una semana Carlos Baztán. Hundido. Con este último lanzamiento desde las filas del delegado Fernando Villalonga, solo sigue intacto del antiguo equipo que dirigió Alicia Moreno Manuel Lagos, como director de actividades culturales de MACSA, la empresa pública desde la que se gestiona la cultura madrileña.
El relevo de Pablo Berástegui lo cogerá, si finalmente firma el contrato que le han puesto sobre la mesa —todo indica que así lo hará, según fuentes del consistorio—, la viguesa Carlota Álvarez Basso que fue gerente en la Fundación Córdoba Ciudad Cultural para luchar por la capitalidad europea —que no consiguió—, y viene avalada por su experiencia en la gestión cultural en la antigua Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. También puso en marcha el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO) y levantó el departamento de audiovisuales del Reina Sofía. Se trata de uno de los últimos fichajes de Villalonga, que el pasado mes de marzo la colocó al frente de otra dirección general de nuevo cuño, Planeamiento y Evaluación.
Berástegui solo está tocado porque, según aseguran en el área de las Artes, seguirá “durante unos meses” en Matadero y, después, “continuará en el equipo de las Artes desarrollando labores dentro del área”. Le cambian de sitio y de función. Suenan, por encima de otras muchas, dos palabras: “Conde Duque”, ese gran buque cultural de la ciudad que está más encallado que el Costa Concordia.
Ya desde hace un par de meses, Álvarez Basso viene emergiendo en los despachos de Matadero. “Ha estado tomando nota de todo, pidiendo informes de todo, estudiando”, aseguran varios trabajadores. Ha preparado el relevo a conciencia. Así lo hizo también antes del verano Mikel Olaciregui en la preciosa Cineteca, ubicada en el mismo centro cultural de Arganzuela y que ahora ya dirige oficialmente el donostiarra, exdirector del festival de cine de San Sebastián. Sustituye a Antonio Delgado —hundido— que dirigía desde allí el festival Documenta Madrid.
De los planes de la sucesora de Berástegui no se sabe nada aún, salvo que “están enmarcados en los cambios que viene acometiendo el delegado”, según fuentes del consistorio. Que existe un Plan Estratégico de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (PECAM) está más que confirmado —esta misma semana se celebraban aún reuniones con distintos colectivos vinculados a la cultura de la ciudad para recoger ideas—; y que se culminará con unas jornadas previstas para los días 24, 25 y 26 de este mes bajo el título La cultura de Madrid a debate en CentroCentro, también. Que el juego está a punto de terminar es claro, porque apenas quedan antiguas naves a flote. Lo que queda por saber es en qué consistirá ese plan y a qué se va a jugar a partir de ahora en el área de Las Artes.