martes, 28 de febrero de 2012

El mirador del Diablo Cojuelo, a punto

Artículo publicado por Rafael Fraguas en EL PAIS, el 24 de febrero de 2012
La torre de la iglesia de Santa Cruz, que fue la más alta de Madrid hasta la construcción en 1926 de la Telefónica, afronta andamiada la última fase de una restauración integral regida por el Gobierno regional que le devolverá el aspecto saneado de atalaya que siempre tuvo en el arranque de la calle de Atocha, no lejos de la Plaza Mayor.
La torre y la iglesia han sufrido intensa erosión interior y externa a consecuencia de las humedades y la contaminación atmosférica.
El templo fue erigido entre 1890 y 1902 por suscripción pública. Los planos del arquitecto y alcalde de Madrid, marqués de Cubas, proyectaron un edificio único de estilo neogótico y neomudéjar. Los 52 metros de altura de su torre se ven coronados por un matacán o castillete en piedra caliza de Novelda y Bateig que le otorga un aire florentino. En su cima, que domina Madrid con una excelente vista, situó Luis Vélez de Guevara el observatorio desde el que su personaje “el Diablo Cojuelo” escrutara la vida privada de los moradores de la ciudad. El actual recinto eclesial es heredero de una ermita altomedieval y se alza sobre los cimientos del antiguo monasterio de Santo Tomás y de sendas iglesias que ardieron consecutivamente. La iglesia-parroquial de Santa Cruz, donde tienen su sede algunas de las cofradías más veteranas de la ciudad, alberga un fragmento de la cruz de Cristo, Lignum Crucis, que le da nombre.
Con fachada en ladrillo aplantillado castellano y planta interior cuadrada que evoluciona hacia otra octogonal en ascenso gracias a un juego de pilares, los paramentos o muros de la torre, al igual que su estructura interna de madera, han sido restaurados y saneados de humedades. Además, le ha sido instalado un sistema contra incendios y han quedado reordenados sus circuitos y cableados eléctricos, según explica Pedro Ponce de León, arquitecto-director de la restauración.
Las obras fueron visitadas ayer por Ignacio González, consejero de Cultura y vicepresidente del Gobierno regional, que sufraga unas obras que alcanzan un presupuesto de 633.000 euros, más el 18% de IVA. En el curso de la visita al templo y a su torre, el vicepresidente regional anunció un proyecto de ley “que agilizará los trámites para la protección y conservación del patrimonio madrileño”, si bien no especificó la naturaleza de la futura norma.
El arquitecto Ponce de León ha encontrado una imagen de la iglesia, incluida en los primitivos planos trazados por el marqués de Cubas -título pontificio asignado al arquitecto por León XIII sin relación con el constructor de la catedral de La Almudena- que incluían un pináculo adicional en forma de aguja de hasta 20 metros más que coronaría la torre a 72 metros.


Sobre la nueva sede del COAM: "Nueva vida para justicia"

Artículo publicado por M. José Díaz de Tuesta en EL PAIS el 24 de febrero de 2012
Las antiguas Escuelas Pías, en la calle de Hortaleza, 63, cerca de la casa donde tenía su imprenta Benito Pérez Galdós, eran hasta 2005 un edificio deshabitado, silencioso y rodeado de andamios, que imponía una cierta atmósfera sombría a la calle. Han pasado 12 años y, después de una profunda reforma integral de su espacio interior, conservando la morfología de la fachada, comienza una nueva vida cuando el miércoles traslade allí su sede el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM). Poco a poco, hasta finales de verano, se irán incorporando el resto de servicios, como la escuela de música, el centro de día o las piscinas. La apertura de este edificio abre nuevos espacios públicos a un barrio, el de Justicia, que se ancla en la tradición del Madrid de finales del siglo XIX.
Tres edificaciones más se unen a esta transformación. Barceló no será únicamente un mercado. Es solo el origen de un proyecto más ambicioso. En torno a él se creará una biblioteca, instalaciones deportivas y una terraza en la cubierta. El mercado de San Antón, en la calle de Augusto Figueroa lleva meses saboreando el éxito entre vecinos y visitantes. Por último, se une a esta nueva trama urbana la Escuela de Arte Dramático, el albergue y guardería municipal situados en un edificio en Mejía Lequerica, 21.
Este barrio es un ensayo de las nuevas tendencias en la arquitectura y urbanismo orientadas, por razones que todos sabemos, más que a la construcción de obra nueva, a intervenciones sobre edificios ya existentes para dotarles de nuevos usos. Y esto está pasando en un entorno que quiere por encima de todo preservar su identidad, aunque algunas críticas indiquen que no siempre se consigue.
“Esta no es una operación aislada, sino que se encuadra dentro de la política urbanística de las dos últimas legislaturas de revitalizar el centro histórico como han hecho las grandes capitales europeas, que han intervenido en centros históricos por estar degradados o por la propia expulsión de los habitantes en los procesos del siglo XX”, explica José Luis Infanzón, arquitecto y director del Plan de Ordenación Urbana, curtido en las grandes transformaciones urbanísticas de Madrid de los últimos años, como la del barrio de los Austrias o Madrid-Río. El proceso de las obras suele ser largo y penoso para el vecindario y, cómo no, objeto de críticas. Infanzón lo da por sentado y lo sobrelleva inspirándose en una frase de Oscar Wilde: “No conozco el secreto del éxito, pero sí el del fracaso, intentar contentar a todo el mundo”. “Llevo muchos años en espacios públicos y es imposible, pero una vez que se han visto los beneficios, los ciudadanos suelen olvidar rápidamente las penurias. Ha pasado en Madrid-Río, que ha acabado con la degradación de los distritos colindantes y con los 150.000 vehículos que pasaban todos los días por delante de sus casas. O los vecinos del COAM, que han pasado de tener delante un edificio abandonado a otro de este nivel con piscina en el centro de la ciudad”.Con estas operaciones se persigue el impulso económico de la zona, que sea sostenible, que ayude a la cohesión territorial y que sea compatible con la calidad de vida de los ciudadanos. Y algo que a veces es difícil de conseguir, según el director del plan: “Como toda capital con atracción turística debe de aumentar ese atractivo exterior compatibilizándolo con dar servicios a sus habitantes y hacerles la vida más agradable. El barrio de Justicia es un ejemplo claro, como lo es el de las Letras o Lavapiés”.
La Asociación de Vecinos del Barrio de Justicia le da la razón en casi todo. “Teniendo en cuenta que desde 1997 llevamos pidiendo estos cambios, estamos muy satisfechos y los vecinos en general están contentos, sobre todo, los que conocen los planes. Pero siempre habrá algo de polémica por la estética”, razona su presidente, José Carlos Nicolau. “Pero sí, tenemos ya casi todo”, admite. Casi todo. Porque hay algo que lo dan por imposible: “La regulación del ocio nocturno, la selva que es y la imposibilidad de controlarlo, aunque algo se haya mejorado”.
Los próximos inquilinos del edificio de las Escuelas Pías, que estos días están en plena mudanza, ven todo ventajas en el traslado. “Es una nueva forma de vivir la arquitectura, abierta y transparente, de participación con los ciudadanos, de reflexionar sobre la calidad de vida, la movilidad o las actividades económicas”, celebra José Antonio Granero, decano del COAM. “Y esto se ve en el nuevo edificio que no tiene pasillos, sino espacios que se unen y usos que se mezclan”.
Concebido como un gran centro revitalizador de la ciudad, y localizado entre los barrios de Chueca, Malasaña y Chamberí, el proyecto del arquitecto Gonzalo Moure ocupa 20.000 metros cuadrados, de los cuales 12.000 serán la sede de los arquitectos, que albergará la fundación, el Museo Nacional de Arquitectura, sala de exposiciones, biblioteca y tienda. Los 8.000 restantes, cuya construcción y equipamientos corren a cargo del COAM a cambio del uso del edificio durante 75 años, acogerá distintos equipamientos municipales: escuela infantil, escuela de música, centro de día para mayores, piscinas públicas, restaurante, terraza y aparcamiento con 466 plazas para la venta y de rotación. El coste del proyecto es de 37 millones de euros. Un jardín interior con dos magnolios, abierto al público, presidirá, según la definición del decano, esta “pequeña ciudad dentro de la ciudad”. A él le tocará inaugurarla. Pero cabe recordar que se gestó con los dos decanos que le han precedido, Ricardo Aroca y Paloma Sobrini.
A poca distancia, otra pequeña ciudad con múltiples usos está gestándose. A este proyecto, quizás el último gran proyecto de la época dorada, se le conoce popularmente como “el mercado de Barceló”, pero la denominación se queda corta puesto que (solo) ocupa un tercio de los 38.695 metros cuadrados de superficie construida. El mercado, que tendrá 12.645 metros cuadrados, es el impulsor de esta operación que se realiza sobre otro mercado ya existente (y que ahora sigue activo en uno temporal) y con unos comerciantes que llevaban mucho tiempo establecidos. El nuevo tendrá dos plantas más. De cuatro, las tres primeras se destinarán a los puestos (en torno a 100) y la última para distintos usos del Ayuntamiento. Una gran novedad. La cubierta del mercado será una terraza pública. “Queríamos recuperar las plazas elevadas, que no son tan habituales en Madrid, como la del Círculo de Bellas Artes”, explica Fuensanta Nieto, autora del proyecto junto a Enrique Sobejano. Al lado del mercado, irá un polideportivo pensado como una gran ventana que se asoma a la ciudad, con un voladizo que cubre parte del café y la terraza. Con 2.800 metros cuadrados contará con una gran sala de deportes y otra para gimnasia.
El tercer elemento del futuro Centro Barceló es una gran biblioteca, que supone además el triunfo de la voluntad ciudadana (y un gran alivio para los arquitectos), que logró frenar el conjunto de viviendas que se contemplaba en ese privilegiado espacio de 3.000 metros cuadrados. La biblioteca, situada al lado del colegio ya existente, está previsto que se termine en septiembre. Y el final de la obra, presupuestada en 44 millones de euros, a principios de 2013. Y contará con un aparcamiento con capacidad para 582 plazas previstas, en principio, para la venta. Otro dato importante. La calle de la Beneficencia, estrecha y larga, que comunica con la muy comercial Fuencarral será peatonal y se ensancharán las aceras de Mejía Lequerica.
Una duda sobrevuela: si este gran proyecto llegará a su fin en estos tiempos de incertidumbre. Los arquitectos eso esperan. Mientras, la vida continúa y este nuevo centro persigue colaborar en hacerla más habitable.


Florida Park, el Retiro tropical

Artículo publicado por Patricia Gosálvez en EL PAIS  el 24 de Febrero de 2012
La cubierta retráctil que, como un abanico gigante, abría la pista de baile del Florida Park al cielo madrileño nunca se usó. “Las poleas siguen ahí”, dice Alberto García Morell, gerente de la mítica sala de fiestas del Retiro. Se instalaron en los cuarenta para cubrir, en caso de lluvia, a los invitados de una boda de postín. Sin embargo, según cuenta este ingeniero de formación, “es de suponer que su movimiento haría temblar toda la estructura acristalada como si fuese a estallar en pedazos”.
García Morell es una mina de anécdotas de la sala que regenta desde hace 30 años, “la única que queda de su especie”. La historia del inmueble se remonta a 1814, cuando el rey Fernando VII se lo encargó al arquitecto Isidro González Velázquez. Esta parte noreste del Buen Retiro era su reservado, vedado al público, que podía acceder al resto del parque desde 1767. El rey mandó hacer en su recinto caprichos (quizás la categoría arquitectónica con el nombre más hermoso), pequeñas construcciones románticas de carácter recreativo muy en boga en el XIX, que simulaban casitas rurales o pabellones exóticos. La función de estas cabañas, quioscos o cenadores era, además de hacer bonito y ocultar instalaciones, recreativa: dentro se colocaban orquestinas, cosmoramas o autómatas. El arquitecto creó la Casita del Pescador, en el centro de un estanque, la Pajarera, la Montaña Artificial, la Casa de Fieras… y esta Noria o Casa del Contrabandista, que se llamó así por una colección de autómatas que representaban escenas andaluzas, entre los más vistosos un bandolero y un cura.
Aunque ha tenido varios nombres —Viena Park, Granja Florida— hasta llegar al actual, lo que sí fue desde que el parque pasó a manos del Ayuntamiento, es una concesión municipal. En la hemeroteca hay noticias sobre su arrendamiento desde principios del siglo XX. La más divertida, de 1926: el pleno municipal discutió un cambio en las condiciones del contrato, ya que un concejal se quejó de que en el supuesto balneario no se prestaba asistencia a los enfermos, pero sí se servían cervezas y bocadillos. “¿Por qué no modificar los pliegos de condiciones, dejando convertida esta casita en un centro de reunión, restaurante, café o cosa análoga para que los paseantes del Retiro tengan allí un sitio de descanso, en vez de continuar con la ficción de que aquello es un edificio sanitario?”, se preguntaba el edil.Entonces el edificio era mucho más pequeño que el actual. Se reducía al llamado Salón Pombo (por el poeta, un habitual), una sala circular y abovedada con una enorme lámpara de araña en el centro. “Pesa una tonelada y media, y genera la tensión que sujeta la cubierta de zinc, que sin ella saldría volando”, explica García Morell. El invernadero y la pista de baile se fueron añadiendo a medida que el edificio cambiaba de usos. Ha sido pabellón de caza, balneario, capilla, terraza-cafetería, vaquería… Durante la dictadura de Primo de Rivera fue un dancing, y un salón de té tras la Guerra Civil. Con la llegada de los estadounidenses a la base de Torrejón, se puso de moda como sala de fiestas. Luego hizo doblete como plató televisivo: alojó los programas musicales de José María Íñigo y los shows de fin de año. En su escenario hidráulico han actuado Tina Turner y Liza Minelli, Ken Follet (que tiene una banda de blues) y Montserrat Caballé, Julio Iglesias, Rocío Jurado, Lola Flores... “Pasar por el Florida era como torear en Las Ventas”, dice su encargado.
“El Florida Park es una joya arquitectónica e histórica, y debería ser protegida como el Folies Bergere”, dice García Morell en la penumbra de su restaurante, iluminado por dos palmeras de neón. “Este ambiente algo decadente es parte de su encanto y gusta mucho a los jóvenes”. A mitad de la cena saldrá un ballet español y luego se retirarán las mesas para una noche de house hasta las seis de la mañana. Si algo sabe este edificio es reinventarse.

lunes, 27 de febrero de 2012

Más de 1.500 millones de gasto si se obtienen los Juegos

Artículo publicado en EL PAIS, el 16, Feb, 2012
La carrera olímpica madrileña tiene dos etapas bien diferentes: la primera, entre el pasado martes y el 7 de noviembre de 2013, ya ha comenzado, y costará 30 millones de euros. La segunda, entre ese día y el 7 de agosto de 2020, tal vez nunca tenga lugar. Pero sí sucede, si la capital obtiene los Juegos Olímpicos de 2020, los organizadores prevén que genere unos ingresos potenciales de 1.400 millones de euros. La inversión pública en sedes deportivas ascendería a 1.586 millones, a los que habría que sumar otras infraestructuras (metro, tren, carreteras, etcétera).
El martes, Madrid 2020 entregó al Comité Olímpico Internacional el cuestionario técnico con el que aspira a convertirse en candidata el 23 de mayo. A partir de entonces, deberá demostrar que es la ciudad más cualificada para albergar los Juegos, una decisión que se conocerá el año que viene en Buenos Aires.
En realidad, el proyecto comenzó el pasado mes de julio, cuando el entonces alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, decidió presentar la candidatura madrileña tras los dos fracasos de 2012 (ganó Londres) y 2016 (ganó Río de Janeiro). Contaba para ello con el beneplácito de la actual regidora, Ana Botella.
 Desde entonces hasta el pasado martes, la candidatura ha gastado 2,95 millones de euros. Desde el martes hasta septiembre de 2013, espera gastar 26,82 millones más. En total, 29,77 millones de euros, de los que el 38% saldrán de fondos públicos (11,47 millones). El resto, de patrocinadores privados, mediante aportaciones “dinerarias o en especie”. Según el informe, se “contará con la participación de empresas españolas, algunas de renombre internacional, que ya demostraron su apoyo a las anteriores candidaturas”.
 En caso de obtener los Juegos, comenzará la segunda etapa, que implica un gasto hasta ahora desconocido. Los organizadores prevén unos ingresos potenciales por los Juegos Olímpicos de 1.400 millones de euros. De ellos, 596 provendrán de patrocinadores; 430, de la venta de entradas; y 104 de licencias.
 La candidatura no deja de repetir que Madrid cuenta ya con el 80% de las sedes deportivas y el 90% de las infraestructuras necesarias. Para construir lo que falta, el Gobierno central, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento se han comprometido a financiar las obras, y a “cubrir un posible déficit del presupuesto” olímpico. Este compromiso fue el que el Ejecutivo italiano se negó a aceptar, lo que obligó a Roma a retirarse el mismo martes de la carrera.
¿Qué gastos quedan por desembolsar?
El centro acuático se empezó a construir en enero de 2004. Los dos fracasos anteriores afectaron a las obras: en caso de no lograrse los Juegos, se convertirá en un polideportivo; si se consiguen, se remodelará entre enero de 2013 y abril de 2018 con una inversión pública de 80,17 millones de euros.
El hipódromo de La Zarzuela, que data de 1936, se empezaría a reformar en octubre de 2016 y estaría listo en noviembre de 2019. Costaría 23,99 millones de euros de dinero público. Entre septiembre de 2013 y marzo de 2015 se reformaría el puerto de Valencia para albergar las competiciones de vela, con un coste para el erario público de 42,76 millones de euros.
En cuanto a las nuevas infraestructuras, el centro de regatas de Getafe se construiría entre febrero de 2016 y febrero de 2019 con una inversión pública de 65,06 millones de euros. El canal de eslalon de La Gavia se construiría entre julio de 2017 y febrero de 2019 con una inversión pública de 10,91 millones de euros. El pabellón de voleibol de Coslada se construiría entre septiembre de 2015 y diciembre de 2018 con una inversión pública de 53 millones.
 El pabellón olímpico, el centro de hockey y el centro de tiro de Paracuellos se levantarían entre febrero de 2017 y septiembre de 2019 y requerirían de una inversión pública de 71,53, 58,23 y 18,88 millones de euros, respectivamente.
La Villa Olímpica costaría 914,98 millones de euros y se empezaría a construir en julio de 2015. El Centro de Prensa, 101,52 millones y se levantaría entre septiembre de 2015 y diciembre de 2018. El Centro de Radio y Televisión, 145,03 millones; se haría entre septiembre de 2016 y diciembre de 2018.
Además, el Real Madrid correría con la construcción de un pabellón de baloncesto, entre febrero de 2014 y septiembre de 2017, con un coste de 67,46 millones de euros. La Peineta, el estadio olímpico, costará 209,53 millones y se levantará entre noviembre del año que viene y octubre de 2015. Se sufragará con la venta de pisos en la ribera del Manzanares, en donde ahora se levanta el estadio Vicente Calderón y la antigua cervecera Mahou. El Atlético de Madrid se quedará el campo tras los Juegos. La constructora soterrará además un trecho más de la M-30.


EL ENSANCHE DEL FIN DEL MUNDO

Artículo publicado por Patricia Ortega Dolz en EL PAIS, 17 Feb, 2012
En el mundo hay muchos fines del mundo y uno está en Vallecas. Curiosamente le han puesto el nombre de “ensanche”: el Ensanche de Vallecas. Y después de ahí, la nada. Está al final de la Avenida de las Suertes y marcado con una señal de stop, acompañada de otra de "gire a la derecha". En metro, es la última parada de la línea 1: Valdecarros.
Siempre se ha imaginado el fin del mundo como algo sublime, algo capaz de provocar esa extraña sensación de vaivén entre el vértigo y el estremecimiento ante lo que se presenta como una contradicción abismal, como algo raro, inasible, capaz de escapar a los gruesos límites de la razón y de la lógica pero que, sin embargo, se impone, existe, está ahí, se puede tocar, ver... Y sí, en Vallecas hay un sitio así, un fin del mundo cualquiera.

Atraído por esa imagen desoladora llegó Hans Haacke, una artista nacido en Colonia (Alemania) en 1936 y afincado en Nueva York desde hace más de 40 años. Había llegado a Madrid en avión para ver a su amigo Manuel Borja Villel, director del Museo de Arte Reina Sofía. Hacía tiempo que querían trabajar juntos y estaban empezando a perfilar una idea. Corría el año 2010.
Mientras llegaba al centro de la ciudad en el taxi pudo ver, a su paso, enormes extensiones de terreno, con calles pavimentadas y farolas a lado y lado en medio de un espacio completamente vacío: “In the middle of nowhere” (en medio de ninguna parte), dice. “Al llegar pregunté qué era aquello y me respondieron que había muchos sitios así en la periferia de Madrid, tierras prometidas, donde estaban previstos grandes planes urbanísticos que, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, se habían abandonado”, cuenta.
Pidió hacer un tour por la periferia. Y fue en ese recorrido cuando descubrió la calle del Arte Conceptual, la del Arte Abstracto, la del Arte Figurativo, la de Eduardo Chillida… Y tantas otras vías del Ensanche: unas con edificios a medio terminar, otras delimitadas por esqueletos urbanos, otras con sólo los cimientos de las construcciones, otras con solares yermos, otras con edificaciones de cinco y seis plantas terminadas y plagadas de carteles de “se vende”, “se alquila”, “rebajas”, o “última oportunidad”… Alegorías de un sistema roto a ladrillazos y que ahora encuentran su representación artística en la tercera planta del Edificio Sabatini del museo madrileño, en una gran muestra con el nombre de Castillos en Aire.

GORKA LEJARCEGI
Era abril de 2008 cuando se anunciaba el Ensanche a bombo y platillo como “una ciudad que albergará más de 28.000 viviendas (la mitad de protección pública) con sus correspondientes equipamientos, ocupando más de siete millones de metros cuadrados, una extensión similar a la de la ciudad de Cáceres”.
La ejecución del proyecto, que tenía que haberse finalizado en el año 2006, sufrió grandes retrasos, por lo que los vecinos afectados se organizaron en torno a la Asociación PAU Ensanche de Vallecas.
  “El barrio se ha quedado, al menos de momento, en una acumulación de viviendas con pocos servicios públicos y altos impuestos. Se ha construido algo más del 70 % de las viviendas previstas pero menos del 25% de los recursos dotacionales planeados. De los grandes proyectos previstos, tan solo el centro comercial se ha llevado a cabo”, cuenta Rosa María Pérez Mateo, presidenta de la Asociación de Vecino del Ensanche de Vallecas, que se creó en 2006, año en que debía haber estado finalizado el proyecto.
“El Ayuntamiento firmó con nosotros un plan especial, que debía desarrollarse entre 2008 y 2012, en el que se comprometía a dotar al barrio con distintos recursos de los que tan sólo una pequeña parte se construyeron. Quedan pendientes aún un equipamiento cultural, un polideportivo cubierto, dos pistas polideportivas, un centro de día para mayores, el desarrollo del Parque de la Gavia, aparte de la urgente necesidad de terminar con los malos olores de Valdemingómez y la construcción de un instituto público, un centro médico de especialidades, otro centro de salud y la terminación de las zonas verdes del barrio”, enumera de memoria Pérez Mateo.
Las instituciones, contra las que Haacke tiene la costumbre de arremeter artísticamente y sin paliativos, están diluidas en la llamada Junta de Compensación, que ejerce de promotora del proyecto y que congrega a los organismos públicos (Comunidad y Ayuntamiento) y a las empresas privadas.
Pese a que el Ayuntamiento calculó en su día su inversión en 17 millones de euros, la amalgama burocrática que delimita las competencias de las partes (terreno vendidos a la empresa privada, dotaciones correspondientes a la Comunidad —de sanidad y educación— y las que se corresponden con distintas concejalías del consistorio —centros culturales, deportivos, sociales —) hace de cristal opaco que impide ver con claridad qué se ha hecho, qué queda por hacer y qué cabe esperar: “Habría que ir área por área”, dicen desde Urbanismo, donde se limitan a aprobar los planeamientos que la Junta va presentando.
El Parque de la Gavia fue presentado como uno de los puntos fuertes en la candidatura a las Juegos Olímpicos de Madrid 2012. Se asentará sobre el Arroyo de la Gavia y ha sido diseñado por el arquitecto japonés Toyo Ito. Pero está aún en construcción, así que, el resultado de este gran proyecto urbanístico es un lugar desangelado, con grandes avenidas solitarias, 21.000 casas construidas, más de una veintena de proyectos inacabados, miles de viviendas deshabitadas (se calcula que viven unas 35.000 personas en total, la mitad de las que preveía el Ayuntamiento) y una clamorosa falta de equipamientos urbanos. Allá, en los confines de Madrid.
“Ambas administraciones han visto en los nuevos desarrollos la manera de recaudar dinero por la vía de la venta de suelo, para luego olvidarse de que las personas que viven en esos barrios”, comenta Pérez Mateo.
En nuestra ruta artística por el Ensanche, Haacke señala: “Este es el único bar en estas tres manzanas”. Conoce ya estas tierras como la palma de su mano. “Y un poco más adelante, a mano derecha, está Ibercaja, el único banco”, apunta. “Está casi igual que hace dos años”, asegura, mientras sigue haciendo fotos compulsivamente.
Después de más de una hora y media hemos vislumbrado a lo lejos varias figuras humanas: un trabajador del servicio de la limpieza municipal que dormita en su coche aparcado bajo ese silencio sepulcral que sólo reina en esta clase de confines del mundo; un corredor y un ciclista, que pasan como una exhalación; una señora paseando a su perro, un adolescente con mochila y dos vecinos (de unos cuarenta años cada uno) que se cruzan a la entrada del portal de su edificio:
— ¡Hola!, cuánto tiempo.
— Si, nos vemos poco.
— Bueno pues Feliz Año Nuevo, me alegro de volver a verte.
— Lo mismo te digo.
Una conversación perfectamente normal si no fuera porque es 15 de febrero y hace mes y medio que comenzó el nuevo año y ambos vecinos comparten portal.
La gran idea del PAU de Vallecas, con siete millones de metros cuadrados, era “completar la trama urbana en el Suroeste para favorecer a los casi 70.000 vecinos que acogerá y a los 65.000 que residen en Villa de Vallecas”. De momento, son menos de la mitad porque son pocos los que quieren vivir allí y, y de lo único que parecen beneficiarse es del centro comercial de la Gavia, de la sucursal de Ikea ubicada al lado y de una estación de servicio que se anuncia con el cartel de “gasolina más barata”. Poco más.
La ciudad de la utopía ha fracasado. El Ensanche es la gran metáfora de un modelo de crecimiento basado en el ladrillo que ha muerto dejando toda una estela de desolación a su paso.

EN MEMORIA DE NUESTRO AMIGO Y COMPAÑERO LUIS MORENO GARCÍA- MANSILLA

Nos ha dejado Luis Moreno Mansilla, uno de los mejores, que junto a Emilio Tuñón han sido una referencia para los todos, por la gran calidad de su obra y por su enorme calidad humana. 


Os adjunto el texto del profesor catedrático Antón Capitel:



El arquitecto Luis Moreno García-Mansilla había nacido en Madrid, en julio de 1959, y se tituló en arquitectura en 1982. Para nuestra tristeza, ha fallecido repentinamente en Barcelona el 22 de febrero de 2012.
En la Escuela fue alumno de Juan Navarro Baldeweg, de Gabriel Ruiz Cabrero,  de Javier Vellés (ambos en la cátedra de Sáenz de Oíza) y de Carlos Sambricio, entre otros. Y perteneció a un grupo, o pandilla, que formábamos algunos profesores, como los ya citados y quien esto escribe, con algunos otros, todos de la edad de Luis, que habían sido nuestros alumnos. En 1980 hicimos entre todos una exposición de trabajos y dibujos de arquitectura, que tuvo gran éxito, en la galería Ynguanzo de Madrid, y que se paseó por algunos otros lugares de España. Luego acabó reflejada en un libro, “Arquitecturas Modernas”, publicado por Pronaos en 1982, y en el que puede verse algo del trabajo escolar de Luis, que destaca ya por su calidad y por su originalidad, por su condición personal. En aquel entonces trabajaba en el estudio de Rafael Moneo, adonde le había llevado Pedro Feduchi, (que me lo había robado a mí, por cierto, pues no podía permitirme competir con el maestro). Todos recordamos a Luis, desde entonces, como alguien que todo lo hacía bien, fuera lo que fuese.
Luego Luis, acabada la carrera, se fue como pensionado a la Academia Española de Roma (hacia 1984), y después de un examen (que entonces se había vuelto a implantar). Allí conoció a otra pensionada, la barcelonesa Carmen Pinart, excelente pintora, con la que se casó algo después. Debió de ser algunos años más tarde cuando fueron juntos a vivir a Estocolmo, donde Luis estudió la obra de Asplund y de Lewerentz, de cara a su tesis doctoral, mientras Carmen pintaba y dibujaba.
Por aquellos años (y ya algo antes de acabar la carrera) Luis había puesto un estudio con Álvaro Soto, Pedro Feduchi y Sigfrido Martín Begué (este último pintor y arquitecto, y también fallecido prematuramente hace un año), todos ellos del grupo “Arquitecturas modernas”. Algo hicieron juntos, pero pronto el estudio se deshizo y cada uno fue por otros derroteros. Luis volvió a trabajar con Rafael Moneo, donde estaba ya Emilio Tuñón, y allí estuvieron bastantes años. Fue hacia 1992 cuando dejaron de trabajar con él e iniciaron su propio estudio.
Debió ser hacia 1990 (quizá antes) cuando Luis entró de profesor en la Escuela, de la mano de Manuel de las Casas. Ya en 1991, o 92, (e incorporado quien esto escribe a la Escuela de Madrid, después de haber sido catedrático de Valladolid durante unos años), Casas me cedió a Emilio Tuñón, Álvaro Soto, Luis Moreno y Pedro Feduchi, que habían sido incorporados a la Escuela por él, y para que yo pudiera formar mi unidad docente con ellos. Era, de nuevo, parte de la pandilla de “Arquitecturas Modernas”, que duró algunos años, pero no demasiado: se habían hecho mayores y volaban, lógicamente, por su cuenta. Tuvieron conmigo mucha autonomía.
En 1998 Luis leyó su tesis doctoral, “Apuntes de viaje al interior del tiempo”, tema sofisticado y atractivo que el lector interesado puede encontrar (si no se ha agotado ya; o, si es así -que lo será- en las bibliotecas) en la colección de tesis de la Fundación de la Caja de Arquitectos. La originalidad con que Luis acompañaba todas sus cosas queda presente en este atractivo y singular trabajo, que quien escribe conoció bien por haber sido miembro del tribunal de lectura. En 2000 Luis ganó la plaza de Profesor Titular de Proyectos en la Escuela de Madrid, y ya organizó su propia Unidad docente, llevándose con él a nuestros otros amigos comunes que habían pertenecido  a la pandilla de “Arquitecturas Modernas”.
Claro es que, a estas alturas, la obra de Luis con Emilio Tuñón era ya bastante importante. De 1992 a 1996 habían hecho el pequeño pero exquisito Museo de Zamora, por iniciativa de Carlos Baztán, uno de los arquitectos que trabajaron para muy distintas administraciones y que favoreció su carrera arquitectónica al reconocer su alta calidad. El Museo de Zamora se implanta en los aledaños de la ciudad entre la muralla y el río, consiguiendo salvaguardar tanto su propia y radical modernidad como su adecuada relación con la ciudad vieja.
De 1994 a 1998 construyeron una piscina municipal en San Fernando de Henares, Madrid, que habían ganado en un concurso. Una obra tan racionalista y tan sensata de planteamiento como lograda. Pero en 1994 ganaron otros tres concursos importantísimos, el del Auditorio de León (1994-2002), el del Museo de Castellón (1996-2000), y el del Archivo y Biblioteca de la Comunidad de Madrid en la vieja fábrica de cerveza “El Águila”, pues ya entonces la pareja de arquitectos se consolidaba con el carácter de profesionales modernos, esto es, de ejercer la arquitectura a través de ganar concursos. Así, concursantes infatigables, ganaron primeros, segundos y terceros premios, y fueron trabajando prácticamente siempre de este esforzado y meritorio modo.
Todos estos edificios, felizmente construidos, consolidaron un modo propio de entender la arquitectura que puede describirse, en un primer aspecto, como de continuidad con la tradición racionalista que había sido tanto tiempo, y con algunas intermitencias, la posición central del desarrollo de la arquitectura moderna y que, en esos años, continuaba siéndolo, como puede verse en la arquitectura española, y, muy concretamente, en la de Mansilla y Tuñón, tan representativa como cualificada. Tanto en el aspecto geométrico y planimétrico como en el figurativo, todos los edificios citados siguen la corriente racionalista, pero ello no quiere decir que hicieran demasiadas concesiones a las convenciones arquitectónicas, modernas o no.
Pues el seguimiento racionalista fue en Mansilla y Tuñón, y en aquellos años, tan firme como original. Repásense para comprobarlo, las obras citadas. El Museo de Zamora es una caja cúbica y ciega, de piedra, que presenta un espacio interior tan elaborado como inesperado. Algo de la arquitectura nórdica late fuertemente en él. La piscina de San Fernando se diría una reelaboración de la arquitectura de Mies, pero –como en el caso de Jacobsen- superar acertadamente los límites que el maestro alemán no quería traspasar y hacerlo con soltura y coherencia es un valor claro de este sencillo, sensato y bello edificio. El auditorio de León es más complejo, lógicamente y debido al tema, y en él aparecen algunos acentos orgánicos que están sobre todo en las secciones y el interior de la sala. Lo más original, sin embargo, es el aspecto externo, que articula con extraordinario acierto dos piezas oblicuas y que no necesita salirse de la tradición racionalista para caracterizar fuertemente el conjunto con la plástica y exquisita fachada del pabellón pequeño, cuya autonomía consigue paradójicamente el protagonismo de la totalidad. 
El edificio de Castellón es de una austera, marcada y conseguida sobriedad externa, originando un valioso volumen para el espacio de la ciudad, y es tan espacialmente rico y penetrable, y tan amable y matizado cuando se pasa a su interior, como serio e impenetrable se presenta el museo en su monumental e ilegible forma externa. En el conjunto de Archivo y Biblioteca de ”El Águila", los nuevos pabellones se ordenan junto con los antiguos en un modo de entender el conjunto en el que están casi ausentes tanto las tradiciones compositivas como las urbanas, para dar paso a la lógica y la elementalidad con la que se ordenan los objetos. Estos se exhiben a sí mismos como personajes, como miembros de un conjunto en el que acaso aparecen algunos parentescos de vestimenta, pero en el que se salvaguarda la identidad de cada cual. Todo ello servido, como siempre, por una figuratividad racionalista, pero que no respeta convenciones y que siempre inventa y propone algo nuevo. Puede este modo anotarse como una manera propia de la modernidad española de fin de siglo, y a Mansilla y Tuñón como sus principales y más afortunados cultivadores.
El Proyecto para el concurso de ampliación del Reina Sofía (1999, no ganado) y el de una “Construcción en forma de Cruz”, en Teruel (2001, tampoco), parecen continuar con esta tradición tan respetada y con las mismas características de fidelidad e innovación, pero ya en el  concurso para una Biblioteca Pública en Jerez de la Frontera (2001, tampoco ganado), se hace ver una nueva y muy distinta manera, que se va a consolidar y a construir felizmente en el Museo de León (MUSAC, 2001-04).
En este conocido museo, la composición ortogonal, a la que habían sido tan fieles, se rompe a favor de la repetición de un módulo compuesto por un cuadrado y un rombo, y las figuras simples y pregnantes se sustituyen por la indeterminación a la que un módulo tal conduce con aplastante lógica. Curiosamente, la acumulación de módulos es capaz de salir al paso de algunas cuestiones de forma urbana, imprescindibles en un lugar periférico tan abstracto. La diferente altura de las partes se encarga ahora de una variación altimétrica que algo ha de acompañar al informalismo planimétrico, pero las esviaciones que la modulación provoca son contrarrestadas por la austeridad y la sistemática de los cierres, todos ellos simples y de muro cortina, recuperando así algo de la tradición racionalista que el uso tan intenso de los colores vuelve a contrarrestar. Lo cierto es que el museo de León parece destacarse como un punto de inflexión importante en la obra de estos arquitectos, que los aleja bastante y con notable rapidez de su trayectoria primera.       
A partir de éste, los proyectos exploran maneras diferentes, como fue el del Museo de Cantabria, de curiosa inspiración naturalista, y en el que –frente a lo ensayado en León- la altimetría se produce con más complejidad aún que la planimetría, iniciando así un camino difícil, que no hemos podido ver comprobado por la realización. Puede decirse que el arriesgado formalismo moderno les ha alcanzado, como prueba el conjunto para Nanjong, China (2003), o el proyecto para Cimbra (2003), o el del Ayuntamiento de Lalín (2004, y ya realizado). En estos dos últimos el conjunto está compuesto por edificios redondos, un curioso formalismo de última hora, y con respecto al cual creo que resulta especialmente chocante que estos arquitectos lo hayan usado con tanta intensidad.
Su última obra, aún en marcha, es de muy otro talante, debido al lugar. Se trata del Museo de las Colecciones Reales, en Madrid (2002). Situado en el borde de la cornisa del Palacio Real, en continuidad con las construcciones auxiliares de éste, pero a la altura de la catedral de la Almudena, un gran edificio lineal al modo de un gran muro de contención –pues no otra es su naturaleza- se desarrolla en varios niveles que descienden por la cornisa. La arquitectura en este caso es absolutamente contenida, recuperando para ello la radicalidad de las viejas orientaciones racionalistas, y caracterizando la presencia del edificio en la cornisa mediante la repetición cadenciosa y sistemática de una gran pilastra obsesivamente repetida y de acertado sabor dórico. La obra está en marcha, y todavía durará bastante, pero ya pueden verse sus sobrios y logrados espacios interiores y su arriesgada y lograda impronta externa. Madrid está con ello de enhorabuena.
Pero Luis ya no verá, tristemente, el final de esta importante realización suya, si bien la historia le reservará sin duda un importante lugar. Y nosotros no podremos disfrutar ya de su inteligencia, de su  originalidad, de su refinamiento, de su buen sentido, de su amabilidad y simpatía, de…
Nos hemos quedado algo más solos.
Antón Capitel , 24 de febrero de 2012

lunes, 20 de febrero de 2012

Ciclo Londres Ciudad disfrazada

Estimados amigos,

El próximo jueves 23 de febrero visitará la escuela de Arquitectura de Toledo el arquitecto Antón Capitel para impartir una conferencia dentro del ciclo "Londres ciudad disfrazada", titulada "Londres I: el ideal clásico"
La conferencia tendrá lugar a las 17:30 horas en el edificio 21.

Deseamos que sea de vuestro interés y esperamos contar con vuestra presencia.

Saludos cordiales