lunes, 13 de febrero de 2012

OBJETO Y ESPACIO

Studio Banana Cultural tiene el placer de invitarles el próximo jueves, 16 de febrero 2012, a las 20h al evento ¨Objeto y Espacio¨ con la escultora Filomena Almeida y el arquitecto Javier Bardón quienes van a presentar sus trabajos y hablar sobre las relaciones entre objeto y espacio. ¡Les esperamos. 



martes, 7 de febrero de 2012

VIVIR EN EL CIELO DE LA CIUDAD

Artículo publicado por Patricia Gosálvez en EL PAIS el 4 de febrero de 2012 



¡El edificio con estructura de hormigón armado más alto del mundo!”, presumía el anuncio en prensa de 1957. Se acababa de terminar la primera fase de la Torre de Madrid, (Julián y José María Otamendi, 1954-1960) que sería la construcción más alta de España hasta que llegó el Pirulí, en 1982. Un hito que aún hoy sigue siendo, con sus 142 metros, uno de los rascacielos residenciales más altos del país.
 Las vistas desde la terraza de la planta 33 lo atestiguan. Una visión espectacular de 360 grados, con la que se comprueba que Madrid es, efectivamente, como decía Azorín, “un poblachón manchego”, con boina de polución incluida. La terraza rodea uno de los dos gimnasios que hay en el edificio recién remozado. Deben de ser las bicicletas estáticas con las mejores vistas de Madrid.
Tras una reforma del interior, hace un año que se han puesto a la venta los pisos de lujo de la mitad superior de la torre (plantas 15 a la 32, la mitad inferior está vacía). Entre 2003 y 2005 Metrovacesa, propietaria del inmueble, lo puso a la venta (pedía de 250 a 300 millones de euros), pero al final se lo quedó. Tras un largo proceso en el que se pactó la salida de los antiguos inquilinos (los apartamentos y oficinas siempre fueron de alquiler) la torre quedó finalmente vacía y, por primera vez en su historia, los pisos se pusieron a la venta.
Los hay de 50 metros cuadrados a 240. El más barato arranca en 530.000 euros. ¿El más caro? “Es información confidencial”, se disculpa una y otra vez Juan Antonio Rojo, de Sibariss, la agencia que comercializa los pisos. En un año han vendido dos tercios de las 131 viviendas. “Si algo se sigue vendiendo en tiempos de crisis son los productos únicos, especiales”, dice el comercial. “Este edificio fue un hito en su día y sigue siendo el edificio residencial más alto de España”. En Benidorm ya se han construido un par más altos, pero no se puede competir con la solera de esta torre que marcó la modernidad en los rascacielos de España. Por primera vez los arquitectos, los hermanos Otamendi, se deshicieron del marchamo historicista de las construcciones del franquismo. Aquí ya no están los aires escurialenses de su vecino, el edificio España (algo anterior y de los mismos autores). Ya no hay excusas en forma de pórticos, frisos o adornos, solo líneas elegantes y dinámicas que miran a los rascacielos clásicos de Estados Unidos.
Los pisos tienen distribuciones algo extrañas, como es de esperar en un edificio de planta hexagonal. Hay paredes en ángulo agudos y largos pasillos con requiebros. La nueva decoración ha introducido colores que identifican cada planta en los espacios comunes y grandes fotografías paneladas en los descansillos (en todos los fotomontajes aparece el perfil de la torre o sus vistas). En los pisos piloto no hay tanta contención como en la limpia fachada blanca. Están decorados con lámparas de metacrilato y aluminio, cómodas lacadas en brillantes colores, sillas de cuero blanco o terciopelo morado y tapicerías que imitan, por ejemplo, el papel de un periódico extranjero. En las estanterías, pequeñas esculturas de abstractas meninas en blanco y plata. A pesar del jolgorio decorativo, la vista se va a las ventanas y balcones (casi todas las habitaciones tienen). No hay perspectiva mala: por aquí el Templo de Debod, por allá el Palacio de Liria, por acullá el Conde Duque.
La nueva torre busca ofrecer además de viviendas, un estilo de vida. Persianas, climatización y alarmas domóticas, ascensores con llave de planta, vigilancia 24 horas, wifi gratuito y una intranet que hace las funciones de un conserje digital: desde ella se puede alquilar un coche o pedir a un mozo que suba a colgar un cuadro. Por un pago de comunidad desde 170 euros mensuales, se tiene además de recogida de basuras, gimnasio y piscina gratis.
Cuando los Otamendi la levantaron, la Torre de Madrid, que entonces estaba en la Avenida de Jose Antonio, incluía cine, sala de fiestas, oficinas y un sinfín de tiendas, según reza la memoria del proyecto firmada en 1954 por los Otamendi —Julián (como arquitecto) y José María (como consejero delegado de Inmobiliaria Metropolitana que luego se fundiría en Metrovacesa). Hoy solo queda de aquellos usos terciarios una pequeña peluquería en la planta baja. “Están de salida”, asegura el representante de la inmobiliaria. Cuando el dinero lo permita, las quince plantas vacías (que los propietarios no permiten de momento visitar) volverán a cobrar vida. Podrían ser ocupadas por un hotel, oficinas o locales comerciales, explican en Metrovacesa. La crisis decidirá cuándo esta ciudad vertical dejará de funcionar a medio gas.
Publicado en El Pais por Patricia Gosálvez el 3 de febrero de 2012


la (primera) movida madrileña

Artículo publicado en EL PAIS por Mº José Diaz de Tuesta. 26 enero 2012  



Madrid a principios del siglo XX es una ciudad pletórica. Como centro cultural del país y con vocación cosmopolita se convierte en un imán donde convergen todas las vanguardias artísticas que agitaban Europa. Aparecen la generación del 27, el cine sonoro... Y paralelamente surgen los ejemplos más luminosos de la nueva arquitectura o movimiento moderno, que transformaron el paisaje de una capital por primera vez en plena efervescencia cultural y urbana. De todo esto trata el libro Madrid y el arte nuevo (1925-1936). Vanguardia y Arquitectura (ediciones La Librería), del historiador Fernando Castillo con ilustraciones del artista Damián Flores.
El autor no pretende competir con las guías de arquitectura. Consciente de que las hay muy estimables, como la del Colegio de Arquitectos (Coam), Castillo persigue cubrir un vacío al colocar ese conjunto de edificios y a sus autores en un contexto especialmente intenso, que arranca en plena dictadura de Primo de Rivera y acaba abruptamente con la Guerra Civil.
El recorrido de ese grupo de edificios que introdujeron el lenguaje racionalista en Madrid ha sido de lo más dispar. Razón en la que ha abundado Castillo, lo que a veces le ha obligado a elegir un tono “elegíaco, lo que sucede al recordar los desafueros que ha sufrido el patrimonio histórico arquitectónico. Es el relato que se puede dividir en tres apartados: los edificios que ya no existen; los que sufrieron transformaciones a costa de traicionar su espíritu y los que permanecen, algunos “milagrosamente”, como la fachada del antiguo cine Europa, en Bravo Murillo, cuyo interior es hoy una tienda de saneamientos, o con más suerte, los famosos edificios Barceló y Capitol.
» Los desaparecidos. A mediados de los años veinte irrumpe la llamada generación del 25, eminentemente madrileña, arquitectos jóvenes con voluntad de romper con la estética imperante. Un nuevo Madrid empieza a surgir transformando la vida urbana y las formas de relación social. La ciudad iluminada por los neones de bares, salas de fiestas y cabarés donde los madrileños encontraron nuevas formas de divertirse y relacionarse, de vivir en definitiva. Es el Madrid de los cines, que junto con los cafés y las tiendas fueron los espacios donde la nueva arquitectura materializó su expresión más depurada. Y pese a ello, o por eso mismo, fueron los grandes sacrificados. Por ejemplo, el cine Madrid-París, de Teodoro Anasagasti, en la manzana de Gran Vía 32. Inicialmente fueron los famosos almacenes del mismo nombre que entonces necesitaba Madrid al modo de otras capitales europeas, con una cúpula similar a los Lafayette; pero fracasaron y pasaron a ser el Sepu y hoy una marca de ropa también low cost. Otros muchos edificios destinados a distintos usos cayeron no sin polémica: el mercado de Olavide, de Ferrero Llusiá, construido durante la Segunda República dentro del Plan General de Mercados se demolió en 1974. Durante esos años, los edificios deportivos tuvieron un gran apogeo. De algunos míticos, hoy no queda ni rastro: el frontón Recoletos, de Secundino Zuazo y Eduardo Torroja, que levantaron en la calle Villanueva la mayor estructura de este tipo en Europa. Hoy ocupa el solar unas viviendas.
 “España no es un país muy cuidadoso en la conservación de su patrimonio en general”, destaca Castillo. “A la especulación y cierta desidia se une el escaso interés a las manifestaciones artísticas durante mucho tiempo. No se tomaban en serio obras de arquitectos como Gutiérrez Soto, que aún era joven cuando estalló la Guerra Civil. También hay que considerar el contexto político, y gente vinculada a la República como Luis Lacasa y Sánchez Arcas tuvieron que exiliarse y nadie defendía su obra”.
» Los transformados. Acabada la Guerra Civil, el franquismo se ocupó de limar todo lo posible los códigos racionalistas y la arquitectura de Le Corbusier considerada roja. En su lugar, buscaba en la tradición imperial de los Austrias (y El Escorial como paradigma) una identidad simbólica para el nuevo régimen. Y la primera víctima de esta reconversión fue parte de la Ciudad Universitaria. En otro contexto, la gasolinera art déco en Alberto Aguilera, del imaginativo Casto Fernández-Shaw vinculado al futurismo, una obra modélica del racionalismo, que se derribó impunemente. Luego, gracias al clamor popular se volvió a construir, aunque con notables modificaciones. “En líneas generales, los edificios de esta época muy pocos se conservan tal cual y algunas, como la Casa del Marqués de Villora, de Rafael Bergamín, en Serrano, están tan alteradas que ni se las reconoce”, critica Castillo.

» Los resistentes. Entre los privilegiados que siguen conservando el espíritu con el que se hicieron está el conjunto de apartamentos, en Marqués de Riscal, de Fernández-Shaw. Fue como traer Nueva York a Madrid. El primer edificio en la capital comme il faut, según Castillo: con portero, calefacción central, servicio de plancha… Este capítulo no puede concluir sin mencionar a la Residencia de Estudiantes. Aunque su conjunto es mudéjar, no así su interior, y en su visita Gropius ya valoró unos dormitorios muy racionalistas.

Publicado en El Pais por Mº José Diaz de Tuesta. 26 enero 2012

EDIFICIOS DE LA DEMOCRACIA

Artículo publicado en EL PAIS por Mª José Diaz de Tuesta el 2 de febrero de 2012 


El germen de la exposición Arquitectura española (1975-2010) + 35 años construyendo en democracia, una ocasión impagable para que el gran público se aproxime a esta disciplina cada vez menos endogámica (Arquerías de Nuevos Ministerios hasta el 8 de abril) fueron dos tomos de la revista El Croquis sobre la arquitectura desde la muerte de Franco hasta los noventa que publicaron los que ahora comisaran la muestra, el profesor Antonio Ruiz Barbarin y Héctor Barrio. De ahí salieron 35 edificios. Cuando España dejó de presidir la UE en 2010 se utilizaron para una muestra en Atenas como gesto de despedida. Su éxito motivó esta nueva exposición ampliada: un fiel recorrido por el paisaje urbano de la democracia a través de 230 edificios firmados por 130 estudios.
La obra debutante es Bankunión (1975), en Madrid, de Corrales y Molezún. En plena crisis del petróleo no impedía que la arquitectura abandonara la zona gris. Aparecen “los francotiradores”, define Ruiz Barbarin, “personalidades fantásticas como Corrales y Molezún, Sáenz de Oiza o el primer Moneo”.
La década de los ochenta origina “la movida nacional”. Con una mejor coyuntura económica y más despejado el terreno político son los años del destape arquitectónico. Aparecen propuestas nunca vistas, ciertos regionalismos (como el vasco, mediterráneo y gallego) y la arquitectura comienza a debatirse en la universidad. Obras y nombres como Miralles con su Escuela de Morella, en Castellón; la Escuela de San Fermín, de Campo Baeza; el BBVA o las viviendas sociales de la M-30, ambos en Madrid, de Sáenz de Oiza; Moneo con el Ayuntamiento de Logroño y el Teatro Romano de Mérida; Cruz y Ortiz (urbanización en Sancti Petri, Cádiz), Carvajal, Correa y Milá, Coderch o Navarro Baldeweg.
Paralelamente, la concepción de viviendas sociales salta por los aires. Surgen otras más radicales y con más calidad, nada que ver con las casas baratas que se repartían por la geografía nacional. El barrio obrero de Palomeras de Madrid, que sirvió de experimento, está presente con tres edificios.
La Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona fueron el motor de la siguiente década de los noventa marcada por una arquitectura más madura y comprometida. La estación de Santa Justa (Cruz y Ortiz), el pabellón de la Navegación (Vázquez Consuegra) o el cementerio de Igualada (Miralles y Pinós) y nombres como Ferrater, Mangado o Bayón, son ejemplos de una arquitectura más reposada.
2000. Nuevo siglo y exuberancia económica. “Revienta una nueva generación de arquitectos y otros, que no son tan jóvenes, explosiona”. Ruiz Barbarín engloba, en primer lugar, al grupo de arquitectos que acaban en los ochenta y, más en concreto, al grupo que coincide en la Politécnica de Madrid a mitad de década. Antes ya se había estrenado, “pero construyen de verdad en el 2000”. Algunos como Tuñón y Mansilla, Aranguren y Gallegos, Cano Laso hijos, García de Paredes y Pedrosa, Nieto y Sobejano, Ábalos y Herreros... protagonizan una época bipolar en la que coincide lo peor y lo mejor de la arquitectura. Entre lo primero, cada político quiere importar el Guggenheim a su pueblo. Pero, a la vez estalla una efervescencia constructiva como nunca sin ataduras formales ni técnicas, no hay nada que no se pueda hacer.
Con la resaca (ahora) y una brutal crisis económica toca contención “y cuando el medio ambiente tiene la última palabra”. Entre los que “explosionan” están Zaera, Arroyo, Ecosistema Urbano, Entresitio o López y Rivera.
El criterio para decidir quienes eran los elegidos para esta gran muestra ha sido “el nuestro como comisarios”, dice Barbarin, “y el paso del tiempo, que unas veces machaca obras y otras las engrandece y éstas son las que salen”. Dos detalles en los que conviene fijarse (y una curiosidad): se exponen 65 maquetas originales, entre las que sobresale, la del BBVA de Sáenz de Oiza, prestada por sus hijos, imponente como la obra, y atención a los paneles, armarios con ruedas, porque la vocación de esta magnífica arquitectura española siga viajando por el mundo. La curiosidad: el catálogo tiene las medidas exactas del ladrillo cuya crisis no supone ni la de la arquitectura ni la de las ideas.


viernes, 3 de febrero de 2012

ATMÓSFERAS SENSOPOÉTICAS

Atmósferas SensoPoéticas, tendrá lugar el próximo viernes 3 de febrero a las 22h en el marco de actividades de GastroFestival2012 y MadridFusión. Nos vemos en ME-Eating room_Galería Ensusitio, C/ de la Colegiata 11 Madrid.



Texto de presentación de José Miguel de Prada Poole:

Atmósferas SensoPoéticas

El término “Obra Total” fue acuñado por Wagner para intentar definir aquella obra musical que incluía música, teatro, y artes escénicas y visuales, así como iluminación y demás elementos ambientales (incluyendo  la disposición y calidad de los asientos) para que ninguno de estos aspectos estuviera subordinado, o fuera de más importancia que los demás, como ocurría en la mayoría de las óperas de su tiempo.
Posteriormente el mundo del arte empleó este término para distinguir de las “otras” a aquellas manifestaciones artísticas que recogían, en una obra, aspectos que se han atribuido tradicionalmente bien a la escultura, pintura, música, teatro, etc.
Estas distinciones hace tiempo que han desaparecido. Hoy día la mayoría de los artistas prescinden de ellas por considerarlas fuera de lugar. Como si fueran un corsé o una barrera que reduce los límites de la imaginación.
Antonio Cobo, arquitecto por título pero arquitecto-artista-global por talante, con menos grandilocuencia y más próximo al intimismo y recogimiento bucólico que sus predecesores, nos quiere presentar hoy una obra que, sin necesidad de palabras, pero inhalando y exhalando, inspirando y expirando, implicando todos los sentidos y la acción personal del ¿espectador?, está más cercana a la metáfora poética que a ninguna de las habituales y clásicas manifestaciones.
La obra, de la que podremos disfrutar los participantes en el evento, es una obra efímera, evanescente. Apenas tendrá unos escasos minutos de existencia. Es una obra para el recuerdo. Pero una obra que, en el sentido más íntimo y personal, podríamos definir en este caso con propiedad como Obra Total, ya que desde el punto de vista individual concierne tanto a los sentidos corporales (tacto, olfato, oído, cinestesia y vista) como a nuestros recuerdos y experiencias pasadas.
La acción a la habremos de asistir implica simultánea y paradójicamente:
Acción y quietud
Construcción y destrucción
Sentimiento y reflexión
Realidad y fantasía
Sensación e imaginación
Existencia e inexistencia
… Y todo aquello a lo que nuestros recuerdos, adultos, adolescentes o infantiles nos arrastren.
¡Dejémonos arrastrar!

José Miguel de Prada Poole


TETRAHÉLIX DE FULLER CRUZA EL TAJO!!

Hoy jueves 2 de febrero, los alumnos de 1er y 2º curso de la escuela de Arquitectura de Toledo montarán una estructura con la que intentaremos cruzar el rio Tajo,patente de R.B. Fuller , basada en la figura de un tetrahélix. Toda una odisea!! suerte!!!



conferencia "desarrollos urbanos" Manuel de las Casas

La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Castilla La-Mancha ha programado una conferencia de Manuel de las Casas
titulada “desarrollos urbanos”, que tendrá lugar el jueves 9 de febrero a las 17:30 de la tarde. 

Campus Fábrica de Armas Toledo. eauclm edificio 21. 

Muy interesante...